lunes, 2 de junio de 2014

Juana la Maliciosa

Juana la Maliciosa
David Bowman
Ediciones del Serbal, 2014

'Juana la Maliciosa' es la primera novela del debutante David Bowman, alguien a quien conozco personalmente, pero que no ha querido contar gran cosa sobre sí mismo en cuanto a biografía de autor y demás, así que nos saltamos ese paso y nos metemos directamente en el libro que ha escrito. Solo decir que a pesar de ser novato en esto de ser publicado, no es ningún yogurín en cuanto a edad, sino un paisano con vida suficiente a las espaldas, y espaldas suficientes para cargar vida en ellas.

La novela cuenta (y nunca mejor dicho, ya volveremos sobre ello) la historia de Juana Pérez-Acosta Arteaga, una guapa chica de 17 años, de buena familia madrileña (ambos padres médicos), que va pasando de la adolescencia a la juventud... sobre todo en el terreno sexual. Porque sí, señoras y señores, esta novela está catalogada como "erótica", por ponerle alguna etiqueta editorial, y tiene una buena cantidad de escenas de sexo, narradas con sumo detalle, que aunque en alguna ocasión pueda parecer demasiado abundante, no lo es, ya que cuando van pasando una tras otra, se da uno cuenta de que se necesita saber todo eso, y en todo el mencionado detalle, para entender a Juana y su álter ego, Petra. Debido a unas difíciles circunstancias familiares que no hace falta explicar en reseña, a Juana le coincide la edad que tiene con una creciente belleza exterior que provoca atención hacia ella, y con una soledad, sobre todo interior, que marcan sus primeras relaciones físicas (y puede que las futuras de por vida), así como las vidas de quienes se cruzan con ella.

Una de las grandes peculiaridades de esta novela es la forma en que está contada: se supone que el autor nos cuenta lo que a su vez le contó uno de los hombres de la vida de Juana, durante una larga conversación de sobremesa, tarde, noche, madrugada y amanecer en la terraza de un par de bares en Ibiza. Y esta "forma" (en su significado de "manera formal específica de escribir un texto") es importante, porque durante la novela no vemos lo que ocurre, sino que nos llegan las cosas tamizadas por el relato sucesivo de varias personas. En alguna ocasión lo que leemos es lo que el autor recuerda que su contertulio le cuenta que a su vez Juana le contó a él de lo que en realidad le pasó a ella. Es un triple tamiz que le añade varios tonos de subjetividad al relato, y que convierten a la manera en que como seres humanos sabemos y conocemos las cosas en uno de los temas subyacentes del libro. ¿De qué podemos estar seguros en esta vida? ¿Las cosas son como pasaron o como las recordamos? ¿Cada vez que contamos alguna historia no estamos revelando más sobre nosotros mismos en nuestra forma de contarla que sobre las personas de la que trata? El mismo narrador a menudo se hace la observación para sus adentros de si todo esto que le está contando el cincuentón barcelonés Jaume, a quien apodan el Gran Tagomago, será verdad o si se está inventando parte. O todo, ya puestos. ¿Y por otra parte, hasta qué punto importa si el relato es verdad o no?

A medida que Juana va acabando el colegio, siendo formalmente mayor de edad y empezando la Universidad en Madrid, va conociendo a gente que invariablemente se siente atraída físicamente por ella. Su tipo de belleza aparece repetidamente descrita en el libro, así que mejor que quien tenga curiosidad, lo lea en detalle. Esta atracción lleva a relaciones con otros diversos personajes, todos los cuales parecen ver a Juana como un ser primero hermoso y sexualmente deseable, y en la mayoría de los casos, por no decir en todos, casi nada más... incluyendo a veces a la propia Juana. Una de las cuestiones que debatir sería, por ejemplo, qué parte de culpa podría tener Juana en lo que le acontece. Es cierto que es muy joven, pero no es tonta (lee buenos libros de literatura y estudia medicina con nota), y hay varias ocasiones en las que las razones para liarse con algún determinado personaje no se limitan a la atracción física que también ella pueda sentir. Es fácil verla como una víctima a veces, pero ahí puede haber mucho que comentar.

Y ya que se habla de debate, decir que es un libro que da mucho juego para debatir, no solo en torno a la propia Juana y los demás personajes, sino en torno al inagotable tema de las mujeres (y los hombres también, pero sobre todo las mujeres), del amor, del deseo, del dominio, del poder, de lo que se quiere y se persigue en la vida y de muchas otras cosas de alcance. Estoy seguro de que el propio autor se aviene a discutir sobre todo esto en internet, así que quien caiga en las redes de Juana, que nunca ha dejado insatisfecho a nadie, puede pedirle fácilmente cuentas en Facebook al maestro Arquero (jeje).

A todo esto, hay que decir que la sexualidad del libro está bastante alejada, según creo yo, de fantasías internacionales como '50 sombras' y demás. Es un relato hispano, y aún más, mediterráneo, entendiendo el Mediterráneo como algo que llega hasta Madrid a base de que tantos madrileños hayan ido allí a remojarse, e incluso de que nativos de sus orillas hayan tenido que irse a vivir a Madrid, para siempre volver en cuento pueden. Hay detalles universales que podrían ocurrirles a Juanas de todo el mundo, pero se nota que bajo la capa de "escocés profesor de Filología Hispánica" con la que se disfraza al narrador, el señor Bowman conoce los tipos, tipazos y tipejos de esta piel de toro, y como resultado el relato -y Juana- acaba sabiendo a nosotros, lo cual es un plus.

En resumen, que a no ser que el lector se sienta un incomodado en mayor o menor medida por la parte sexual del libro, la sensación que le entra a uno es la misma que siente el narrador según van pasando las horas y el Gran Tagomago continúa hablando entre coñac y cervezas: si en algún momento el ánimo flaquea, no puede uno resistirse a quedarse un poco más para saber qué más pasó y cómo acabó lo de la Juana y el Jaume. El libro está escrito sin capítulos, narrado de un tirón en 375 páginas, y se me ocurre que de la misma forma que la mejor manera de releer el 'Ulises' de Joyce es hacerse un Bloomsday o de releer 'Luces de Bohemia' es hacerse una Noche de Max Estrella (consúltense si no se conocen), la mejor forma de leer (o releer) 'Juana la Maliciosa' es pillarlo por banda una tarde de asueto, a ser posible en una terraza donde se conozca al camarero, y leerlo de corrido, con las paradas que mande la naturaleza y la sed, hasta acabarlo de noche o a la mañana siguiente, según la velocidad de cada uno. Es decir, experimentarlo como el trasunto literario de David L Bowman lo experimentó. Del Madrid pijo a Ibiza pasando por Denia y Barcelona. Como ha dicho el propio autor en Facebook, "lo más difícil es conseguir que el personal se fije y abra el libro. A partir de ahí, pienso yo, Juanita se defiende sola".

Entrevista con el autor: http://edicionesdelserbal.com/doc/n/nots_100.pdf

lunes, 17 de febrero de 2014

Difficult men

Difficult men
Brett Martin
Faber & Faber, 2013

Ahora que las series de televisión están acercándose (o superando incluso) en calidad al cine, empieza a haber también libros que analizan el fenómeno como lo han hecho siempre con la pantalla grande. Uno de los más recomendables es estos ‘Hombres difíciles’, que no son ni más ni menos que los creadores de las series más importantes de lo que se está dando en llamar “la Tercera Época Dorada” de la televisión estadounidense: David Chase (‘Los Soprano’), Shawn Ryan (‘The Shield’), David Milch (‘Deadwood’), David Simon (‘The Wire’), Matthew Weiner (‘Mad Men’) y Vince Gilligan (‘Breaking Bad’). Todos ellos tienen en común el ser pioneros (sobre todo Chase), y también el ser personalidades con las que es difícil trabajar (también sobre todo Chase, y excepto Gilligan, al parecer, famoso por ser más bien lo contrario). Junto a la biografía de cada uno de ellos, Brett Martin, de la revista ‘GQ’, cuenta cómo concibieron sus series y también cómo pelearon por cada centímetro de independencia, tanto contra sus jefes como contra sus propios demonios y rarezas. Chase, por ejemplo, era un admirador de la Nueva Ola francesa y del Cine Como Dios Manda que se veía a sí mismo como un traidor a sus ideales al aceptar trabajar en televisión, y cuando eso dejó de ser un estigma (en gran parte debido a sus Soprano), siguió pensando lo mismo, con gran vena de pesimismo mediterráneo (el apellido original de su familia es De Cesare). Simon es un polemista nato, exreportero de prensa, aficionado a escribir largas e intensas parrafadas sobre lo que toque, en especial para salvar series de la cancelación. Weiner, considerado un poco la oveja negra de su familia, es de un detallismo puntilloso en sus reconstrucciones de los 60 y muy celoso de sus apariciones en los créditos y en las entregas de premios. Milch encarga a otros escribir los guiones y luego los reescribe él hasta dejarlos irreconocibles. Gilligan, tras amplia experiencia en ‘Expediente X’, no sabía de la existencia de ‘Weeds’ antes de proponer ‘Breaking Bad’ y a punto estuvo su serie de no existir. Etcétera etcétera. El libro es fuente inagotable de momentos puntuales que podrían haber cambiado completamente la historia de su medio.

Todas estas series, y otras como ‘Damages’, ‘Policías de Nueva York’, ‘Rescue Me’, ‘Generation Kill’, 'A dos metros bajo tierra' y varias otras que aparecen en el libro a menudo se solapan unas con otras en la emisión original, así que es difícil mantener un orden estrictamente cronológico, pero en el libro se aprecia bastante bien la progresión que hizo que para cuando se estrenara la en principio “infilmable” ‘Juego de tronos’, los nombres de canales como HBO, AMC, Showtime o FX fueran casi una garantía de calidad, o al menos una posibilidad clara de llegar adonde las cadenas generalistas alcanzaban solo con gotas aisladas de calidad como ‘Perdidos’ o ‘El ala oeste’. Porque esa es una de las claves de esta nueva era dorada: los canales de pago y su mayor libertad para tratar temas más adultos, desde el punto de vista del sexo y la violencia en pantalla, los tacos en el lenguaje o las tramas al servicio de la historia, y no al de alargarla lo más posible. Las temporadas de 12-13 episodios al año en lugar de 22-24 también son un detalle importante para lograr mayor calidad.

El libro se centra en estos creadores principales, aunque también se explora el tema de la autoría real en algo tan colaborativo como una serie de televisión, donde las “writing rooms” de ocho personas para arriba, que pueden cambiar casi al completo de una temporada a otra, reparten mucho el mérito final de cada cosa que ocurre en pantalla. Sin embargo, cada serie suele tener un nombre central asociado a ella, y el “showrunner” de turno es ahora la persona en quien se centran las miradas tanto en caso de fracaso como de éxito. A pesar de ello, alguna vez se mencionan detalles importantes de productores como Chris Albrecht, de HBO, o actores como James Gandolfini, cuya intensidad como Tony Soprano tuvo su coste psicológico.


En fin, que al igual que pasa con el ‘Easy riders, raging bulls’ (‘Moteros tranquilos, toros salvajes’) de Peter Biskind y el cine de los años 70, este libro cuenta la historia de cómo nació una época importante en el arte del que se ocupa y de quiénes fueron los principales causantes de su brillantez. Obviamente, tiene spoilers, pero es que si no, no se puede hablar bien de según qué fundidos a negro, polis corruptos o camellos asesinados.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Rogornmendaciones musicales 2013

50 canciones recomendadas del año 2013, en lista de reproducción continua.
http://www.youtube.com/watch?v=sEwM6ERq0gc&list=PLPlpZaavO7zJDEJmeFx5rYYX80P0bIZWa
Están ordenadas por fecha de subida del vídeo a YouTube. Algunas son de 2012, pero no entraron como single en las listas británicas hasta 2013.

martes, 26 de noviembre de 2013

El francotirador paciente

El francotirador paciente
Arturo Pérez-Reverte
Alfaguara, 2013

Hacía siete años que Arturo Pérez-Reverte no publicaba una novela ambientada en el presente. Y no es por falta de material escrito por él: desde el lanzamiento de 'El pintor de batallas' en 2006, el autor cartagenero ha escrito un par de Alatristes situados en el siglo XVII, otro par de libros ambientados en la época napoleónica ('Un día de cólera' y 'El asedio') coincidiendo más o menos con los bicentenarios de la guerra de la Independencia, y un último relato ambientado entre 1928 y 1967, 'El tango de la Guardia Vieja'. Y aún así, incluso el propio 'pintor de batallas' es una pieza más bien basada en el recuerdo de un pasado en torno a las guerras de entre los años 1970-1994, de modo que habría que retrotraerse a 'La Reina del Sur' (2002), para encontrar una historia puramente desarrollada en el momento en el que se escribió.

Una década más tarde, el paso del tiempo se nota en la presencia de Google, YouTube y móviles con cámara entre otros elementos de 'El francotirador paciente', cuya trama principal gira en torno a una "scout" o investigadora editorial (Alejandra Varela) que recibe el encargo de buscar a un esquivo artista de grafiti apodado Sniper. Si la presencia de un tema tan a primera vista juvenil como los grafiteros puede sorprender, Pérez-Reverte aclara en las primeras entrevistas dadas con motivo de la salida de la novela que es un asunto del que ha tenido que aprenderlo todo casi desde cero, ayudado por expertos practicantes en la materia (algunos de los cuales aparecen mencionados en las páginas de la novela): "Yo con estos tíos he hecho lo mismo que hacía como reportero de guerra, arrastrándome de noche para entrar en sitios peligrosos. Es que yo, a mis sesenta y dos años, he entrado de noche en una cochera arrastrándome por el suelo pensando en qué dirían si me pillan: «Don Arturo, ¿qué hace usted aquí?» Si me pillan, vaya marrón me voy a comer".

De igual forma que él lo fue aprendiendo, también lo hace el lector en esta novela. La presencia de un tema concreto y el uso de su gama de vocabulario especializado es una de las constantes en la obra de Pérez-Reverte. En otras, eran términos marinos, o técnicas pictóricas, o detalles de fotografía, o movimientos de esgrima, prácticamente siempre asuntos que él ya dominaba bastante debido a su profesión anterior (reportero) o a sus aficiones personales. En este caso, siendo algo nuevo para él desde el principio, parte de su investigación aparece distribuida para el lector usando diversos recursos, como citas de una tesis hecha por la protagonista o detalles averiguados de boca de los personajes que esta va encontrándose durante la historia. De esta forma, a medida que va avanzando la trama, se hace uno una idea suficiente de la importancia de cada suceso y de los particulares códigos del mundillo.

En este sentido, es precisamente por ahí por donde llega el verdadero nexo de unión de esta novela con el resto de las que ha escrito anteriormente el mismo autor. Este nuevo lugar hasta ahora inexplorado del territorio Reverte se merece una incursión en él debido a la presencia ahí de una mezcla de marginalidad, peligro y un código de reglas más o menos fijas que cada habitante sigue o infringe a riesgo propio, distintas y a la vez similares a las del Madrid del XVII o el estrecho de Gibraltar en nuestros días. Así, la importancia de conceptos como respeto, reputación, credibilidad, valentía, lealtad, traición o el venderse por una bolsa más o menos grande de monedas de plata, es central. También lo es el debate sobre si el grafiti es rebeldía, vandalismo, arte, oráculo valioso, grito en el desierto, despertador de conciencias o una combinación de varias de estas posibilidades y alguna más.

La novela tiene 302 páginas, lo cual la convierte en una de las más cortas que Pérez-Reverte ha escrito, en especial si descontamos relatos en principio para serialización en prensa como 'La sombra del águila' o 'Un asunto de honor'. Como resultado, quizá no da tiempo a que sus personajes aparezcan tan nítidamente matizados como en otros libros anteriores, pero eso tampoco tiene por qué ser negativo. Por ejemplo, a la protagonista, entre la brevedad de la novela, la galería de personajes con que debe compartir páginas y la inmediatez del caso que tiene entre manos, no da tiempo a conocerla mucho más allá de su camino constante en busca de este su coronel Kurtz o Moby Dick particular. Si hubiera que explicarlo en términos gráficos, a la tintinesca línea clara de otros retratos anteriores, le sustituye aquí un trazo rápido y vigoroso hecho a espray: llegas, la dibujas, y te vas. Lo que pierde en detalle lo gana en impacto: lesbiana, treintañera, pelo corto, scout de eficaz profesionalidad, coge el rifle cuando los indios atacan el fuerte, puede ser tan dura o peligrosa como cualquiera, pero sin convertirla en inverosímilmente invulnerable. Suficiente y a la vez sugerente.

Lo mismo puede decirse de los demás personajes que Alejandra va encontrando en su remonte río arriba, algunos de ellos memorables en solo un breve encuentro, como por ejemplo As Irmás, unas gemelas grafiteras portuguesas con mucha caña. De hecho, en mi opinión me parece un logro notable que a pesar de que una parte bastante grande del libro conste de conversaciones y entrevistas antes de moverse rápidamente a otra casilla para seguir el juego, estas resulten tan interesantes e intrigantes. Con cada trazo que cada nuevo personaje añade al retrato del tan buscado Sniper, su figura e importancia va creciendo cada vez más en la mente del lector, de forma que sin llegar a conocerlo resulta muy probable que uno ya se haya formado una opinión respecto a él (admirable o despreciable, figura de culto o charlatán, insignificante o peligroso, mosca cojonera o bestia salvaje, artista de referencia o manchamuros, maestro o chalado) e incluso respecto a los que le siguen.

Por cierto, ya que se habló antes de Melville y Conrad (sobre todo este último, uno de los autores de siempre más alabados por el propio Pérez-Reverte), hay que decir que hay otra influencia muy clara y destacable en 'El francotirador paciente', pero desafortunadamente mencionarla siquiera es un spoiler de tamaño considerable, así que aquí va oculta para quien quiera leerla pasando el ratón por encima: se trata de 'El asesinato de Rogelio Ackroyd', de Agatha Christie, de la cual Pérez-Reverte ha dicho que "es perfecta; dudo que otra novela me haya influido tanto en mi vida como escritor". Quien la haya leído ya sabrá de qué se trata, y quien no, ahí está como miguita de pan para quien la quiera recoger.

Hablando de lo cual, no faltan tampoco en esta novela ese tipo de rastros que seguir (o puntos que unir, como se dice en sus propias páginas) que Pérez-Reverte gusta de dejar sembrados, con menciones a los libros que leen los personajes, la música que escuchan, las películas que marcaron sus vidas, o los restaurantes y hoteles que visitan. Y además, hoy en día tampoco resulta difícil encontrar en internet información sobre los pioneros del grafiti madrileño, la locura del puente de Metlac o incluso "testimonios" sobre el propio Sniper.

Entre las primeras reacciones que se han visto al saber de esta nueva novela (antes incluso de leerla), hay dos destacables: "¿Qué hace este hombre glorificando a unos gamberros?", y "este tema no me va". Respecto a la primera, hay que decir que de igual forma que Pérez-Reverte no alababa a los narcos en 'La Reina del Sur' ni a los asesinos a sueldo en 'Las aventuras del capitán Alatriste', tampoco esta novela está escrita para reivindicar o exaltar nada relacionado con el grafiti. Simplemente, como él mismo ha dicho, él sitúa una historia en un ambiente que le parece fascinante (lo cual no equivale a "modelo que imitar") y mueve por ella a sus personajes. Además, la novela deja bien claro que hay un tipo de grafiteros (o "escritores", como muchos prefieren) que se limita a escribir su nombre por donde puede, como mucho alargando su hazaña a hacerlo en sitios difíciles o arriesgados, y otro tipo de artistas que escribe frases con carga política o social, e incluso dibuja imágenes de impacto, las cuales sí que en ocasiones pueden provocar una respuesta de admiración y apoyo en una parte mayor de la población. Un ejemplo es un grafiti real que dice "apartad los rosarios de nuestros ovarios", una frase nada neutral sobre la religión, la situación de la mujer en la sociedad, el progreso en materia de derechos humanos, y los límites de la vida y la muerte, entre otras cosas, y condensado en apenas seis palabras. Este no es uno de los grafitis atribuido a Sniper (como digo, esa frase existe realmente, y aparece como tal en el libro), pero este tipo de contenido sacudidor de conciencias es a lo que se dedica este personaje y de ahí viene su importancia. El artista británico Banksy es uno de los modelos para crearlo, y todas las piezas que se supone que inventa son idea del propio Pérez-Reverte, hechas a su vez de varias influencias que merecerían comentarios por sí solas. De forma que, por las dudas, no es un libro dedicado a contar cómo un chaval de quince años se aburre de jugar a la videoconsola y le pintarrajea el cierre al bar: Sniper es un veterano de décadas que ha madurado mucho lo que hace y por qué (si te convence su discurso o no, ya es otra cosa), y merece la pena dedicarle un rato al menos para averiguarlo por ti mismo.

Lo mismo diría yo respecto a la otra reacción que comentaba: "este tema no me va, así que casi que voy a pasar de leerlo esta vez". A eso, yo recomendaría leerlo de todas formas, y sobre todo si se es seguidor más o menos habitual de Pérez-Reverte. Porque, aparte de que son 300 páginas en letra grande y se ventila en cuatro o cinco horas, todos los elementos que han atraído antes a muchos lectores suyos están ahí, fiables como siempre: un tema de frontera, un misterio que resolver, un asunto especializado del que quizá no se sepa nada (no creo que mucha gente se eche para atrás por los términos marinos a la hora de leer 'Cabo Trafalgar', por ejemplo), y una mano experta para saber introducir al lector en mundos que no conoce y a la vez avanzar por la trama sin que parezca que hay que hacer parada y fonda cada cierto tiempo para descargar información del servidor antes de seguir. En otras ocasiones, no conocíamos Sinaloa, ni las murallas de Breda, ni las bombas de los franceses, ni la manera de dar la estocada perfecta, ni cómo distinguir un Dumas auténtico de uno falso, pero todas esas otras veces que dejamos que Pérez-Reverte nos guiara por aguas desconocidas, nos llevó a buen puerto, y este es otro ejemplo de viaje digno de hacerse. Así que acepten el encargo de la Birnan Wood, y salgan a la caza con Lex la scout.

martes, 20 de agosto de 2013

Héroes, aventureros y cobardes

Héroes, aventureros y cobardes
Jacinto Antón
RBA, 2013

“Tú es que no haces periodismo. Tú no eres un periodista. Tú eres un tío con una cultura enorme, con unas aficiones... Tú eres un friki. En el sentido positivo de la palabra. Tú eres un tío que tienes unas pasiones literarias y vitales, y el periodismo es tu cauce. Quiero decir que tú no eres un periodista puro en ese sentido. Tú eres un escritor que accidentalmente eres periodista. Eres un tío que tienes un mundo narrativo, de libros, de aventura, de pasiones, de aficiones, y ese mundo lo canalizas a través de un periódico, o un libro, o una película. Tú no eres periodista puro. Tú no vales para eso.”

Así definió Arturo Pérez-Reverte a Jacinto Antón, gran amigo suyo, durante una conferencia conjunta en Barcelona en 2011. Antón trabaja desde hace tres décadas en la sección de Cultura de ‘El País’, y este libro es una recopilación de más de 70 artículos y entrevistas aparecidas en dicho diario, divididos en cinco secciones: Historia Antigua (Egipto, Grecia, Roma), Aventureros, Guerras y Soldados (de los siglos XIX y XX), El Reino Animal y Grandes Creadores. Recogidos en conjunto crean un mosaico fascinante, donde a pesar de que el autor habla en principio de otros temas, no deja de traslucir su propia personalidad. Antón se define a sí mismo como un cobardica muy poco apto para las grandes hazañas, pero se nota que está fascinado por todos los temas de los que trata en sus artículos, así como por las personas con y de las que habla. Momias egipcias y sus descubridores, dinosaurios y sus excavadores, leones y sus cazadores y conservadores, montañas y sus escaladores, húsares y sus uniformes y medallas, exploradores y sus hazañas (o pifias), nazis y sus descendientes, todo tipo de animales y sus costumbres más o menos curiosas… Y ese entusiasmo se transmite cuando describe y también incluso cuando entrevista.


Hay otros dos rasgos que aparecen a menudo en los artículos: uno es el humor, y el otro es el punto justo de sensibilidad cuando el tema lo requiere, y es que no es lo mismo hablar del día que se escaparon dos lobos del zoo de Barcelona, o de la muerte de la mona Chita (que era mono) que de la vez que entrevistaste a descendientes de dirigentes nazis, ni es lo mismo hablar de la carga de la Brigada Ligera que de la muerte y posterior curioso destino de tu propio hámster. Como el propio Antón dice en su prólogo, el libro “es un cajón de sastre”, llenado década tras década con las cosas que a uno primero le fascinaron de niño y luego fue capaz de investigar de mayor (y encima cobrando). “Estos treinta años”, dice, “han sido una gozosa oportunidad”, y ese gozo se contagia al lector. Además, como se trata de artículos cortos y de muy diversos temas, uno siempre puede concentrarse en los que más le llamen la atención, de la misma manera que uno puede hacer con el periódico en el que él mismo ha venido escribiendo. Sobre Lord Jim, entre otras cosas, el personaje que abre y cierra el libro.

jueves, 16 de mayo de 2013

Los mitos del 18 de julio


Los mitos del 18 de julio
Varios autores
Crítica, 2013

'Los mitos del 18 de julio' es una recopilación de artículos publicada por nueve historiadores tras un congreso sobre la Guerra Civil que tuvo lugar en El Escorial en julio de 2011. ¿Otro libro sobre la Guerra Civil? Pues sí, eso mismo se empieza preguntando el coordinador, Francisco Sánchez Pérez, en la introducción. Y por lo que parece, en lugar de estar terminándose ya las cosas que se pueden decir sobre el conflicto, estamos en pleno proceso de interpretación, reinterpretación, neointerpretación, o como se lo quiera llamar, muy posiblemente con el ánimo de influir en la opinión pública de hoy en día, en especial a nivel electoral. Si ya son conocidos los intentos de enlazar a la derecha actual como heredera del franquismo, también los hay de culpabilizar a unos políticos de izquierdas de no saber llevar un país y de favorecer el echar masas de gente a la calle, alentando una violencia que la mencionada derecha ve como peligrosa. La Historia se repite (o a veces se quiere hacer ver que se repite).

Para dejarlo claro, los "mitos" que el volumen se propone aclarar son todos ellos mitos creados, transmitidos o manipulados por las derechas, antes, durante y después de la guerra. Casi todos los autores de los artículos reaccionan continuamente contra autores "profranquistas", a menudo citados por su nombre, e incluso a algunos se les llama "de medio pelo". Está claro, pues, que lejos de estarse calmando las aguas en el terreno históriográfico, cada vez se agitan más.

Entrando en esos mitos concreto que trata el libro, éste explora el papel de los civiles en el levantamiento militar, la importancia de la ayuda militar italiana (cerrada, firmada y entregada dos semanas antes del golpe del 18 de julio), la contribución de elementos derechistas luego marginados (como los monárquicos), la existencia o no de ideología religiosa en el golpe, las tensiones nacionalistas como complicación añadida, la existencia o no de un complot soviético para dar un golpe en España antes de que lo dieran los fascistas, la influencia de las reformas legislativas republicanas (sobre todo en el terreno militar, agrario y laboral), la "cultura" de la violencia en ambos bandos, y las mentiras y exageraciones de los golpistas para exasperar a la opinión pública.

La primera conclusión principal es que el golpe no fue solo obra de militares, sino que hubo muchos civiles que aportaron ayuda sustancial, sobre todo en materia de contactos internacionales, financiación y creación de opinión pública. La segunda es que la temprana venta italiana de gran cantidad de material bélico convirtió lo que podía haber sido un simple pronunciamiento de espadón en una guerra abierta. De hecho, se llega a decir que fue la consecución de este equipamiento y no cualquier otra causa, como el asesinato de José Calvo Sotelo, lo que provocó el levantamiento definitivamente. Además, la principal aportación documental del libro son los contratos originales, traducidos del italiano y publicados por primera vez al completo, con fechas y listas exhaustivas del material comprado. En tercer lugar, que no había intención por parte soviética de sustituir el gobierno republicano por una dictadura del proletariado. Es más, hubo comunistas que empezaban a lamentarse de estar ejerciendo de "parteras involuntarias" de dictaduras fascistas que usaban el miedo al peligro rojo para asentarse, como ya había ocurrido en Italia y Alemania.

En cuarto lugar, que en cambio, la derecha sí que preparó un golpe, desestabilizando la convivencia cotidiana al lema oculto de "cuanto peor, mejor" sin cortarse a la hora de mentir y exagerar. En quinto lugar, que "el tema de la defensa de la Iglesia y del catolicismo simplemente no existió en el diseño y ejecución del golpe, y no fue ni un objetivo explícito de los golpistas. No se usó de forma propagandística hasta bastante después y siempre de forma subsidiaria al de la defensa de la nación". En sexto lugar, que los militares golpistas estaban más preocupados por sus carreras, pensiones y status social tras los cambios legislativos hechos por la República en el ejército español que otra cosa, y que esto fue decisivo para sumar adeptos entre oficiales en principio no partidarios. Y en séptimo lugar, que aún hay mucho que revisar en cuanto a las víctimas de ambos bandos antes de la guerra, con pistoleros a sueldo, conventos quemados, intervenciones de la guardia civil y la guardia de asalto y demás, decisiones a veces tomadas por gente con poder sobre otros, y otras veces tomadas por iniciativa individual.

Y por último que el tema de los nacionalismos es aún más complicado y curioso. Por parte derecha, José Calvo Sotelo dijo en un mítin en San Sebastián en noviembre del 35 que prefería "una España roja antes que una España rota". Tres años después, en plena guerra, desde la izquierda Juan Negrín declaró que "antes de consentir campañas nacionalistas que nos lleven a desmembraciones, que de ningún modo admito, cedería el paso a Franco". ¡Gente de ambos bandos prefería ver ganar al otro antes que romper/desmembrar España! ¿Sigue ocurriendo esto ahora? Aún queda mucho por hablar. Desde luego, quien nos entienda que nos compre.

lunes, 29 de abril de 2013

Califas y reyes


Califas y reyes: España, 796-1031
Roger Collins
Crítica, 2013

Este libro es el quinto de la colección de 14 volúmenes sobre Historia de España dirigida por el hispanista John Lynch. Roger Collins, de la Universidad de Edinburgo, es un digno continuador de la obra de eminentes autores angloparlantes que han dedicado gran parte (si no toda) de su carrera a la Historia de la piel de toro.

En la introducción, Collins explica que la pregunta que más suelen hacerle al mantener conversaciones sobre la época del califato omeya en la Península Ibérica es si es verdad que aquella "fue o no una edad de oro de la tolerancia, en la que el judaísmo, el cristianismo y el islam alcanzaron a coexistir en armonía y mutuo respecto". Su respuesta, si se pide rápida, es un "no" rotundo, y si se pide matizada, es que hubo algo así solamente durante unos cuarenta años como mucho, y además, circunscrito a la ciudad de Córdoba, y más en concreto aún, reducido a la élite intelectual de la corte del califa. Fuera de ese diminuto círculo en el espacio y el tiempo, los dos siglos largos de los que se ocupa este libro fueron un estado de guerra continua solo interrumpida por los inviernos, "presidida por la aniquilación de los enemigos y la exhibición de sus cadáveres, y también por la existencia de una floreciente trata de esclavos" sin parangón en la Europa occidental de la época, tan lucrativa que hasta los vikingos se vinieron a participar de ella. De hecho, muchos de esos cadáveres, o sus miembros y cabezas, eran expuestos con mucha frecuencia a poca distancia de ese mismo círculo de concordia intelectual corbobesa que mencionábamos antes. Teniendo esto en cuenta, Collins advierte contra las "imágenes sonrosadas" de un pasado ideal en el que un objetivo deseado del mundo actual (la tolerancia de ideas religiosas) se busca como ejemplo ya conseguido antes por el ser humano. Simplemente, no lo fue, o fue un chispazo muy fugaz.

En los doscientos años que cubre el libro, el único reino cristiano digno de tal nombre a finales del siglo VIII, el de Asturias, acabaría convirtiéndose en el de León y luego el de Castilla, mientras que Galicia, Navarra, Cataluña y Aragón iban surgiendo y consolidándose a medida que la cruz iba empujando a la media luna hacia el sur. En Al-Ándalus, vencedora de muchas batallas y expediciones de castigo, pero perdedora de la guerra a largo plazo, surgió una Córdoba culta y avanzada, pero cuyos avances y cultura fueron de provecho para una cantidad diminuta de gente. Además, tanto la parte cristiana como la musulmana estaban plagadas de cabecillas locales (o movimientos de liberación periférica, según se mire) que en cuanto se hallaran a más de unos días de marcha de su capital, buscaban más su provecho que el de su señor oficial. Málaga, Murcia, Zaragoza o Extremadura fueron focos constantes de este tipo de señores guerreros, algunos de los cuales lucharon con éxito durante décadas contra reyes y califas.

Dada la cantidad de reyes, condes, califas y generales que hubo durante este tiempo, y dado lo confuso de la información fidedigna que tenemos de la época, resulta un tanto difícil hacer un relato de estos años fácil de disfrutar. Si vas cronológicamente, hay fechas que bailan o no son seguras, además de que cada poco tienes que estar nombrando a un nuevo rey, califa o conde, de nombre muy similar a alguno de sus antecesores. Si vas región por región, como este libro acaba eligiendo, te verás obligado a repetir muchos acontecimientos varias veces, como batallas o matrimonios entre parejas de distintas procedencias. En este apartado, por cierto, merece reseñarse que los califas andalusíes eran tan aficionados a las esposas de origen cristiano que muchos salían rubios y de ojos azules e incluso blasonaban públicamente del origen godo de sus ancestros maternos. Por parte cristiana, los monarcas asturianos, leoneses, castellanos y navarros pronto empezaron a desarrollar una obsesión con el pedigrí de cuna de sus esposas tan grande como la que hizo famosos (y luego extintos) a los Austrias del siglo de Oro: los lazos de consanguinidad se iban haciendo más fuertes a cada generación, y aunque no tenemos datos detallados del físico y personalidad de muchos de los reyes cristianos de este tiempo, hubo alguno al que apodaron "el Temblón", por su fragilidad.

Otra característica importante del libro es su atención a las fuentes y a su fiabilidad. Muchos libros de Historia popular dejan a un lado las notas y bibliografía y se toman en serio todo lo que dicen las crónicas. Collins examina con cuidado de dónde sale cada dato, en qué cartulario o documento suelto venía y quién y sobre todo con qué motivo lo escribió. Cuando hay razones para pensar que hay datos tergiversados, falsos o incluso inventados aposta por razones políticas o económicas, Collins avisa o directamente ignora el documento. También acoge en su ayuda textos sobre los cristianos escritos por los musulmanes, tras someterlos a las mismas pruebas. En algún momento del libro esto puede hacer parecer algún pasaje un tanto trabajo de forense más que relato histórico, pero bien está saber de dónde sale todo esto.

En resumen, un libro de Historia serio, detallado, sin concesiones al entretenimiento fácil, pero útil y bien contado.

domingo, 3 de marzo de 2013

1492, el nacimiento de la modernidad


1492, el nacimiento de la modernidad
Felipe Fernández-Armesto
Debate, 2010

Felipe Fernández-Armesto es un historiador y catedrático de padre español y madre británica que es especialista en historia moderna, en especial sobre Cristóbal Colón, Américo Vespuccio y toda la época del descubrimiento y conquista de América. Durante sus investigaciones en torno a este periodo fue viendo que ese momento histórico fue especial no solamente en España y el Nuevo Mundo, sino en otros muchos lugares de la Tierra, y así, mientras que la mayoría de libros de historia hablan de un sitio en concreto, en este el protagonista es una fecha, 1492, aunque obviamente, no se trata de solamente un año (que además ni siquiera tenía el mismo número en todas partes), sino también de las décadas anteriores y posteriores.

En España en concreto 1492 sí que fue un año de grandes acontecimientos, con la toma de Granada, la expulsión de los judíos y la llegada de Colón a América, y solo esos tres por sí solos ya garantizan un lugar especial en la historia a esos 12 meses. Pero es que además una de las tesis principales del libro es que fue en este momento histórico cuando las grandes civilizaciones del mundo dejaron de desarrollarse por separado y pasaron a estar cada vez más unidas, vía viajes, guerras y comercio hasta llegar a la globalización actual. Granada, la diáspora sefardí y la odisea de Colón afectaron no solo a un reino, sino a cuatro continentes, enviando a musulmanes de vuelta a África, judíos de vuelta a Asia Menor y cristianos de ida y vuelta a América. Por su parte, algunas de las culturas indígenas que los europeos encontraron en el Nuevo Mundo estaban en su máximo apogeo, pero tenían unas debilidades estructurales tan grandes que unos pocos miles de españoles ambiciosos y crueles fueron capaces de apoderarse de imperios que contaban con millones de habitantes, y que solo unos años antes no habrían dado tantas facilidades.

Todo esto es muy conocido, sobre todo en España, pero resulta interesante ver lo que estaba ocurriendo en las páginas interiores del periódico, tapado por los titulares de conflictos religiosos y encuentros de dos mundos. En Italia, los invasores franceses entraron en contacto con el Renacimiento y se lo trajeron de vuelta, extendiéndolo al resto de Europa. En Rusia se pensaba que en ese año se acabaría el mundo, y cuando no fue así, el Gran Ducado de Moscovia continuó con un proceso de expansión tan grande que acabaría produciendo lo que hoy es la nación más extensa del planeta.

También es muy interesante la gran influencia de los vientos y las corrientes marinas en esta era de los descubrimientos. Para quien piense que en un barco a vela solo hay que subirse y tirar de un cabo para acá o para allá, aquí se explica que no es así. La mayoría de las veces las corrientes y los vientos te llevan pero no te traen, y eso limita mucho el espíritu aventurero de una escuadra naval. Fernández-Armesto llega a imaginarse a sus antepasados gallegos, perfectamente colocados en un lugar idealmente estratégico para emprender la marcha con solo poner los pies fuera de casa, pero frustrados durante milenos por las circunstancias ambientales.

Y sobre todo, y quizá lo más crucial, en India y China llegaron al poder gobiernos muy poco interesados en el mar, lo cual explica por qué hubo colonias portuguesas en Macao pero no colonias chinas en Lisboa, por ejemplo. Si la ideología imperante hubiera sido diferente, las naciones del oriente asiático se habrían impuesto sin demasiada dificultad a una Europa diminuta en extensión comparada y bastante atrasada en tecnología, unión política y capacidad administrativa. Fernández-Armesto llega a decir que de haber sido así, de haber decidido China, Corea o Japón impulsar el comercio y la búsqueda de mercados exteriores vía marina, quizá América habría sido suya y hoy en día la línea que separa el este del oeste caería por mitad del Atlántico, no por medio del Pacífico.

¿Cuál fue la diferencia? Para Fernández-Armesto seguramente fue la cultura aventurera y la épica caballeresca. Es decir (aunque él no lo menciona), ni más ni menos que el espíritu de don Quijote, que en lugar de estar contento con organizar su vida y hacienda, buscó llegar adonde fuera necesario para cumplir sus misiones. Colón fue uno de sus antecesores, buscando el medro y el ascenso por mar si no podía hacerlo por tierra (y el resto es historia). Costas las hay por todo el mundo, y los adelantos náuticos se extendían rápidamente, pero solamente en un lugar del planeta hubo un gran arranque emprendedor que llevó, empezando por la ambición personal, a interconectar a sus pueblos. De ahí el subtítulo del libro, "el nacimiento de la modernidad", o aún más en el original inglés, "el año en que comenzó el mundo".

jueves, 31 de enero de 2013

Victus


Victus
Albert Sánchez Piñol
(La Campana, 2012)

'Victus' es una estupenda novela histórica que trata sobre los primeros años del siglo XVIII, culminando con el asedio de Barcelona por tropas del bando borbónico en 1714. Novelas históricas suele haberlas de dos tipos: aquellas escritas por historiadores o profesores, y las creadas por escritores. En las primeras suele ocurrir que los personajes quedan un poco planos y tanto la trama como el diálogo a menudo parecen lecciones de historia disfrazadas. Este caso es de las segundas, con un gran protagonista central, (Martí Zuviría, un personaje de nombre real, pero de cuya vida se conocen muy pocos detalles) y un uso del humor y las emociones que a menudo se sobrepone a los detalles específicos del conflicto que relata.

La primera parte de la novela es más bien del tipo del "bildungsroman" o "novela de crecimiento", donde el protagonista comienza en su niñez y juventud y vamos viendo como se "construye" a sí mismo a través de sus viajes y vivencias. En 1705, el chaval catalán Martí Zuviría, de 14 años, es enviado a Francia para estudiar y ser ingeniero de fortificaciones. En la localidad de Bazoches se encontrará con una galería de personajes y un método de aprendizaje que resulta a la vez extraño, fascinante y peculiarmente didáctico. Una de las grandes virtudes de esta novela es que consigue hacer interesante una materia como el diseño de fortalezas (y/o su destrucción), que podría ser bastante árida, a la vez que convierte estos conocimientos en parte integral del futuro carácter del joven Martí, a través de sus puntos tatuados y sus poderes de observación conseguidos a base de duro entrenamiento.

El tono es extraordinariamente fácil de seguir, con frases cortas, ideas claras y lenguaje que mezcla a menudo lo explicativo con lo coloquial. "Si el hombre es él único ser que posee una mente geométrica y racional, ¿por qué los indefensos combaten al poderoso y bien armado? ¿Por qué los pocos se oponen a los muchos y los pequeños resisten a los grandes? Yo lo sé. Por una palabra". Así empieza la novela, para continuar un par de párrafos después: "Lo que acaban de leer era la primera versión de esta página. Cuando la escribí debía de estar melancólico, o borracho. Luego quise suprimir el párrafo en cuestión, por afectado y mariposón. Es más propio de un chupapollas como Voltaire. Pero ya lo ven, la elefanta austriaca a la que dicto estas memorias se niega a suprimir el párrafo. Al parecer le gusta, son palabras épicas, escritas en un tono excelso y bla, bla, bla. Merda. O como dicen ellos: Scheisse". Arturo Pérez-Reverte ha elogiado y recomendado la novela en Twitter, y quienes hayan leído al cartagenero encontrarán muchos motivos de contacto reconocibles: el tono casi de 'La sombra del águila' a veces, una mujer pecosa, referencias a los clásicos griegos, la humanidad vista como insectos aplastados, ojeriza a los poderosos y sus politiqueos, heroísmo desidealizado, etc. Zuviría no era el hombre más honesto ni el más piadoso, y además era un hombre cobarde, que si sale a flote y encuentra una cierta valentía es por suerte, imaginación y fidelidad a los suyos.

Obviamente, a medida que Zuviría se va acercando a la fecha del asedio de Barcelona, la trama se va politizando más y más, y en el momento en el que se publica el libro, 298 años después de los hechos, el tema de la independencia de Cataluña vuelve a estar sobre la mesa y todo el mundo se la coge a veces con papel de fumar. Muchos personajes de la novela exponen su puntos de vista al respecto, y se puede debatir cuáles de ellos son los del autor o no, pero lo verdaderamente valioso es que al igual que el escritor consiguió ayudar al lector a navegar muy bien las aguas de la ciencia poliorcética, también consigue hacer lo mismo con la complicada historia bélica, política y sucesoria de la Europa occidental de la época, humanizando a personajes como generales, reyes o nobles (y humanizarlos tanto que a veces llegamos a saber demasiado sobre sus costumbres defecatorias, por ejemplo) y presentándolos como egoístas jugadores de ventaja que utilizan al populacho como prescindibles piezas de ajedrez, sean del bando que sean y tengan la ideología que tengan. Borbónicos, miqueletes, austracistas, Felipito o el Karlangas, ingleses o franceses, aparecen con sus miserias al aire tarde o temprano, y los bandos acaban importando menos que la gente a la que pisotean, con especial saña puesta en la jerarquía eclesiástica a través de sus "felpudos rojos". El autor dice haber escrito con el ánimo de desmontar mitos y quitar romanticismos por ambos bandos, con mucho humor (a menudo negro) e irreverencia, no exenta de la necesaria seriedad.

Por último, y para aquellos a quienes siempre les corroa la duda de qué es verdad y qué es invención, el volumen trae un índice de personajes y una nota del autor deslindándolo todo. Un detalle un tanto peculiar es que Sánchez Piñol redactó esta novela en español, tras considerar que el boceto inicial en catalán, idioma en el que siempre ha escrito, "no funcionaba". Pensaba que así le salían demasiadas cosas que un catalán daría por sabidas y sobreentendidas, pero que otros lectores necesitarían más ampliamente expuestas, problema que no tuvo al escribir en castellano. Como siempre, hay quien se ha metido a criticar esto, viendo conspiraciones y razones raras por todas partes. Lo llevan claro, ya que seguramente habrá más novelas de Zuviría, que al final de este libro tiene aún solo 23 años y vivirá casi un siglo.

domingo, 20 de enero de 2013

Se desataron todos los infiernos

Se desataron todos los infiernos
Max Hastings
Crítica, 2012

El inglés Max Hastings es historiador, autor, reseñador de libros y corresponsal de guerra hijo de corresponsal de guerra. Ha escrito decenas de libros sobre conflictos bélicos, sobre todo la Segunda Guerra Mundial, que es también el tema de 'Se desataron todos los infiernos'. El título del volumen viene del notable hecho de que gran cantidad de personas que sufrieron aquella guerra, al escribir sobre sus experiencias usan la palabra "infierno" para referirse a ella, tanto civiles como militares, tanto hombres como mujeres, tanto en el teatro europeo del conflicto como en el asiático o el africano. Para todos ellos, lo que vieron desarrollarse ante sus ojos era poner en imágenes cosas apocalípticas que hasta entonces solo se habían imaginado en textos religiosos o en algunos casos visto en pintores medievales, con sus imágenes de triunfos de la muerte y guerreros que tenían que matar a su enemigo de cerca, a menudo haciéndolo pedazos antes de conseguirlo.

El libro es un excelente relato de la Segunda Guerra Mundial resumido en 700 páginas, construido sobre todo a base de citas de gente que la sufrió en persona. El autor es quien narra los hechos principales del conflicto, llevándonos en orden cronológico de un lugar a otro según se van produciendo los hechos de armas más importantes, pero en prácticamente cada párrafo alguien nos abre una ventana personal desde el que verlo, sea un ama de casa inglesa, un soldado ucraniano, un tanquista alemán, un oficial japonés, un partisano yugoslavo, un artillero italiano o un piloto estadounidense, sin olvidar a australianos, rumanos, franceses, birmanos o judíos de varias nacionalidades.

Existe una cantidad tan grande de testimonios, cartas y documentos en general de estos años que podría contarse la guerra de principio a fin decenas de veces sin repetir un solo testigo, y la selección hecha por Hastings ilustra muy bien cada momento, desde la "traición" a Polonia en 1939 con la que se comienza el libro hasta la rendición de Japón y el asomo de los futuros problemas que para agosto de 1945 no habían hecho más que comenzar. Algunas anécdotas, más que retratar lo típico se le quedan a uno en la memoria por lo extremo, como el superviviente de un buque naufragado cerca de las Canarias que acabó llegando a tierra dos meses después... en Bahamas, o el del soldado italiano al que le volaron los testículos, los recogió del suelo y al día siguiente le pidió a un médico que se los volviera a coser, mientras se los sacaba del bolsillo, renegridos y cubiertos de migas y pelusilla.

Setecientas páginas parece mucho, pero sobre esta guerra hay tanto que contar que no sobra ninguna. De hecho, Hastings aquí decide exponer varios de los momentros más conocidos, somo el Día D o las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, de una forma bastante resumida, para así dar cabida a otros hechos que en otros libros "monovolumen" quedan menos reflejados, como la participación italiana o la atrocidad de la lucha en Asia, en particular las cometidas por Japón. También se reduce el espacio ocupado por cosas como la batalla aérea sobre Inglaterra o las campañas del norte de África, que son muy espectaculares y siempre han tenido un regusto muy visual (ayudado a menudo por el mundo del cine), pero que tuvieron mucha menos influencia en el resultado final de lo que pudiera parecer. Así se obtiene mayor espacio para los lugares donde realmente hubo más muertes, que fueron sobre todo la Unión Soviética, India y China.

60 millones de muertos se calculan como mínimo (27.000 al día durante seis años), y hubo grandes diferencias en cómo le fue a cada uno dependiendo del lugar donde estuviera y el momento. Las grandes épicas hechas famosas por el cine americano sobre Normandía y el Pacífico fueron importantes, pero duraron solo unos pocos meses y luchaban fuera de casa, mientras que Rusia o Ucrania estuvieron invadidas por los nazis durante años, incluyendo varios de los inviernos más fríos del siglo XX, durante los que les quitaban las casas, las vacas, las mujeres y la vida. En Inglaterra la gente se quejaba de que había dieta monótona. En India, China o Rusia la gente se moría literalmente de inanición. Como dice el propio Hastings, es injusto decirle a quien sufre que hay gente que sufre más, pero precisamente por eso está bien saber -y a veces reivindicar- qué pasó en cada lugar.