miércoles, 14 de julio de 2010

Ilíada y Odisea

Ilíada y Odisea, de Homero
Edición de Domingo Plácido
(La Esfera de los Libros, 2009)

Dos gruesos volúmenes en caja. 1088 páginas entre los dos. Tapa dura. 24 centímetros de alto. Dos kilos y medio de peso. Cinta dorada para marcar el punto de lectura. Grandes letras mayúsculas con el título de cada obra ocupando todo el ancho del lomo. Sencillo e imponente diseño en negro y oro. 70 euros de precio. Sin duda, esta es una edición para colocar en lugar privilegiado de una biblioteca y que ella sola proclame bien alto: "En Esta Casa Hay Una ILÍADA Y Una ODISEA".

Quien ya conozca estas obras no necesitará que mi pobre teclado le diga nada más al respecto de ellas. Quien no, debe saber que son las más antiguas de la literatura occidental, y por lo tanto piedra fundacional de todo lo que vino después en Grecia, Roma, Europa y América, de forma que merece la pena leerse al menos una vez en la vida. La historia de los diez años del asedio de Troya (Ilio) por los griegos y el azaroso regreso de Ulises (Odiseo) a casa al final del cerco son la base de, como poco, los géneros épico, lírico y trágico y su influencia continúa aún en autores que escriben miles de años después. Contiene personajes heroicos, dioses y semidioses de pasiones extremas, brutales descripciones de heridas en combate y aventuras sin cuento, entre otras muchas cosas. No voy a contar nada de las tramas, en parte para facilitar que cada uno descubra estas obras a su manera, y en parte para que no me pase como a una revista de cine española, que cuando mencionó el caballo de madera al hablar de la película 'Troya', un lector les echó la bronca por contar un spoiler. Verídico.

De todas formas, lo que hay que saber al empezar a leer es que nos encontramos en el décimo año del asedio, y que la primera escena trata sobre la razón por la que Agamenón atrae sobre sí las iras de su aliado Aquiles y del dios Apolo, provocando la famosa cólera del primero y un castigo del segundo sobre sus filas de guerreros. Lo aclaro porque el texto te deposita de repente en medio de la súplica de un padre que busca ofrecer rescate por su hija, y a partir de ahí toca nadar con la corriente de batallas, discursos, muertes, ofensas, sacrificios, intervenciones de dioses en favor o en contra de su bando favorito, e incluso flashbacks que sigue durante las 24 rapsodias de la Ilíada.

El encargado de la edición ha sido Domingo Plácido, catedrático de Historia Antigua de la Complutense, que continúa una larga tradición española de escribir introducciones para obras literarias que es mejor leer después que el libro que comentan, y no tanto por los famosos spoilers, sino porque parecen asumir que el lector ya conoce el texto y se refieren continuamente a una escena o personaje con una familiaridad que el lector nuevo no tiene y que no le aclara gran cosa. Esta introducción ocupa las primeras CLXXIII páginas del primer libro, 'Ilíada', y está escrita para cubrir las dos obras a la vez, de forma que el segundo volumen no trae su propio prólogo. No es la introducción más accesible ni la más sencilla que se pueda leer, pero es muy completa y muy útil tras acabar los relatos, si se lee con atención. Hay que mencionar que no hay notas explicativas a pie de página durante las poemas, con lo cual si no sabes lo que es un Pelida o un Atrida, o la mansión de Hades, o en qué se diferencia un aqueo de un dánao y de un argivo, o si esto importa, sólo te queda seguir leyendo o pararte a buscarlo si lo crees necesario.

Algo curioso es lo de la traducción elegida. Estos dos libros no tienen una traducción nueva, sino que reproducen las versiones españolas hechas en 1920 por Germán Gómez y Nicasio Hernández Luquero de una traducción al francés hecha en 1866-67 por Charles Marie René Leconte de Lisle. Es decir, que nos encontramos con una traducción al español de una traducción al francés de un original griego antiguo. Domingo justifica esta decisión porque Leconte de Lisle era poeta, y "por más que el doble paso pueda dar la impresión de menor fidelidad, en obras como éstas no parece que la fidelidad literal sea el mejor criterio, dado que su pleno sentido es imposible y la pretensión de alcanzarla produce con frecuencia grandes dificultades para la lectura". Estas versiones, se continúa, "consiguen una redacción fiel al espíritu de los poemas y hermosamente literarias". Y la verdad es que se leen con gran gusto y facilidad.

En suma, todo un monumento levantado en honor del padre de nuestra literatura.

4 comentarios:

Trinidad dijo...

Gracias por la reseña, Rogorn. Mis dos próximas lecturas cuando termine con los 'Moros en España' de Eslava Galán. Tengo ganas, tengo ganas.

Remolina dijo...

Tengo las dos de hace mil años, en versión de esta cutre (con cutre quiero decir barata), toda manoseada. Lo mismo hasta me merece la pena comprarlo, aunque sólo sea por lo bonito que parece, je,je.

Rogorn dijo...

Bonita es un montón, y pesa un huevo. Sobre todo en la cartera, jeje.

Jack dijo...

Yo ya sabes que tengo guerra abierta con las cajas, la tapa dura y las ediciones en general que pesan 45 kilos, ocupan por tres en la estantería y te obligan a elegir entre dolor de brazos o de esternón.
Esas ediciones cutres y manoseadas (cátedra, gredos, porrúa, edhasa) que vienen anotadas, no gastan al peo en diseño y caben en los bolsillos del abrigo son las mejores.
Por cierto, a lo que voy: hablando de las traducciones literales de Homero. Baricco sacó una interpretación de la Ilíada que es un punto de partida cojonudo.