domingo 11 de marzo de 2012

Teoría y práctica de lo feminazi

En los últimos tiempos se está oyendo cada vez más la palabra "feminazi", un término un tanto brusco que, sea cual sea su origen, quien lo usa o se lo aplica a otros lo hace sobre todo por disconformidad con un tipo de política de género que está siendo llevada a un extremo no compartido por una parte apreciable de la población. Por ejemplo, no es lo mismo desear la igualdad de salarios independientemente del sexo de la persona que realice el trabajo (aspiración unánimemente compartida por toda la población) que amenazar con multar a aquel medio de comunicación que publique un anuncio en el que "se buscan traductores" en lugar de "traductores y traductoras". En este último caso, no solo hay mucha gente, tanto hombres como mujeres, que están en desacuerdo con ese continuo desdoblamiento del lenguaje en su forma masculina y femenina, sino que todavía hay más gente en desacuerdo con que se llegue al extremo de censurar, alterar o prohibir un texto que no esté escrito con arreglo a esta práctica, e incluso tomar represalias activas contra quien lo publique.

Es precisamente este segundo tipo de ordenamientos legales (que no dejan lugar a la elección personal sobre si usar esta forma de desdoblamientos y que por lo tanto impone una opción sobre otra usando incluso el peso sancionador de la ley contra quien actúe de manera diferente) lo que ha llevado a la queja de muchos y ha contribuido a extender el uso de la palabra "feminazi", a modo de protesta. Mientras que alguien que no quiera usar el desdoble de géneros no tiene ninguna base legal para obligar en ningún caso a quien quiera hacerlo a que no lo haga, los partidarios del desdoble sí que están, cada vez más, obligando a los demás a actuar como ellos quieren, a base de introducir su postura al respecto como parte de la legalidad en la que vivimos.

Por supuesto, hay que decir que la excusa perfecta es que todo esto está hecho democráticamente. Hoy en día, cualquier ley o regulación que se aprueba en España está hecha por alguien que está habilitado para aprobarla según unos cauces que incluyen, en mayor o menor medida la participación democrática de todos los ciudadanos, aunque en muchos casos ésta se reduzca solamente a votar a un partido con cuyo programa, propuestas y decisiones finales se ha de estar de acuerdo en bloque o no. Una vez elegidos los representantes del pueblo, las decisiones que éstos tomen sobre si obligar a los ciudadanos a usar el desdoble de géneros no son diferentes de otras muchas que se toman continuamente, por ejemplo sobre la velocidad máxima en las carreteras, los supuestos en que se puede abortar, la prohibición o no de las corridas de toros, el coste de una matrícula universitaria, y millares más, muchas de las cuales, por definición, dejarán contentos a unos y descontentos a otros. En todos estos casos, quien no esté conforme con lo que han decidido los legisladores elegidos por el pueblo no tiene más (ni menos) que hacer que utilizar los mismos mecanismos democráticos que se usaron para aprobar cualquier medida con la que se esté en desacuerdo: haz un partido, hazte de un partido, presiona a los dirigentes políticos necesarios o simplemente protesta y convence a otros para obrar igual hasta conseguir una corriente de opinión que pueda lograr el cambio que deseas.

Sin embargo, este es un escudo un tanto endeble. Decir que se usa la democracia para obligar a alguien a hacer algo que no quiere puede ser un contrasentido fatal. Si hablamos de ser democráticos, ¿no sería más democrático y más garante de las libertades y derechos de los ciudadanos que cada uno pudiera elegir si desdobla el género de sus frases o no? Los feminazis piensan que no. Que su opinión debe ser legalmente compartida por todos los demás. Y ese es uno de los principales rasgos de los feminazis.

Quede claro que digo "los feminazis" usando el masculino genérico recomendado por la RAE (que a su vez sigue el uso de la lengua que hacen y han hecho los hispanohablantes de todo el mundo), y por tanto incluyo en el término tanto a hombres como a mujeres. Porque, a pesar de que a menudo se usa en femenino solamente, hay feminazis hombres, de la misma forma que hay muchísimas mujeres que rechazan el extremismo del desdoblamiento continuo del género al hablar o escribir, y rechazan mucho más que se convierta en obligatorio y obligado. De hecho, uno de los signos más extremos del "feminazismo", o mejor dicho, una de las manifestaciones más extremas a las que puede llegar es la de pretender hablar por todas las mujeres del planeta. "Representar a ese 52%", como empieza a oírse por ahí. Sería muy interesante preguntar a este tipo de personas qué piensan de las mujeres que no están de acuerdo con su postura sobre el desdoble del género en el lenguaje, así como con otras opiniones extremas sobre la "visibilidad" y derechos la mujer en la sociedad. ¿Las consideran descarriadas, engañadas, traidoras, "cerebrolavadas"? ¿Pobrecitas que no dan más de sí? ¿Muestras de que el machismo imperante les ha robado su propia capacidad de pensar correctamente (donde "correctamente" es pensar como ellas, claro)? ¿O por el contrario se les permite, más o menos graciosamente, poder pensar distinto, siempre y cuando se fastidien y sigan sus reglas extremistas sin protestar?

Otro rasgo importante de lo feminazi es el de calificar a quien piensa diferente con palabras como machista, opresor, fascista, misógino y otras similares. Es decir, se arrogan el derecho de calificar de esta forma a otras personas, la inmensa mayoría de las cuales ni son machistas ni opresoras ni fascistas ni misóginas y luego se extrañan de que tras ser insultados de esta forma, quienes sufren estos calificativos decidan reaccionar ridiculizando sus actos con palabras como "feminazi". Si alguien que está descontento con los banqueros corruptos los llama "ladrones" o "chorizos", o se inventa apodos para sus políticos más odiados, a menudo en manifestaciones públicas y sin censurar, no veo por qué no se puede replicar a alguien que te llama "fascista" sin razón con el palabro "feminazi". Solo faltaba que encima buscaran impunidad y sumisión sin rechistar.

Porque además, no sé si los feminazis se dan cuenta de a cuánta gente están insultando. Cada vez que el padre de uno de ellos dice "esta noche saldremos con unos amigos" (sin añadir "y amigas"), cada vez que una hermana suya diga "la semana próxima visitaremos a nuestros primos" (sin añadir "y primas"), y cada vez que uno de esos primos diga "ayer tuvimos reunión de propietarios de la comunidad" (sin añadir "y propietarias"), deben saber que los feminazis en cuestión, sus propios hijos, hermanos y primos, les están llamando fascistas, machistas, misóginos y opresores, a ustedes, los propios miembros de su familia.

Es este hartazgo el que está llevando a mucha gente a rebelarse y a desahogarse de alguna manera con el término "feminazi", dirigido, quede claro, de manera expresa solo contra quienes apoyen manifestaciones extremas e intolerantes como la de la obligatoriedad del desdoble de género en el lenguaje. No está dirigido contra todas las mujeres, ni contra todos los feministas. Mucho ojo, porque otro rasgo del feminazismo es el de igualar protestas contra ellos a insultos contra todas las mujeres o todo lo feminista. "Fulanito ha insultado a las mujeres al llamarlas feminazis", se oye por ahí. Pues no. Igualar femenino y feminista con feminazi es como igualar social y socialista con nacionalsocialista hitleriano. Cada vez que alguien os lo llame, queridos feminazis, se os llama a cada uno de vosotros personalmente y por una razón concreta. No os escudéis en una imaginaria muchedumbre que no os apoya. Hay una muchedumbre que sí os apoya, pero hay otra que no, y no os corresponde a vosotros decir quién forma parte de ella.

Puede que a algunos este asunto les parezca de poca monta, pero desde el momento en que te pueden poner una multa o rechazarte una tesis o no aprobarte un proyecto o incluso denunciarte en el trabajo (o no aceptarte en él) por no usar este tipo de lenguaje impuesto, el tema ya deja de ser una discusión bizantina, para pasar a afectar a la economía y al futuro laboral de quien le pille. Aparte, hay razonamientos feminazis que están empezando ya a salirse de madre, y pueden acabar siendo peores. Una de las que decía hablar por el 52% también dijo que usar el desdoblamiento del género al hablar "haría posible erradicar una lacra que en este país se viene cobrando desde 2003 entre 60 y 70 mujeres por año". ¿Pero qué me estás contando? ¿Que quien no desdoble es un maltratador en potencia o una maltratada sumisa? ¿Que un tío que desdobla nunca será capaz de pegarle a una tía, o a un hijo suyo? ¿Que si el novio nuevo de una amiga (o amigo) tuyo dice "Buenas a todos" al llegar al bar es mejor que vaya cortando con él porque un día le pegará cuatro tiros o cuatro cuchilladas? O sea, que por tu forma de hablar se te llama ya no solo fascista, misógino, violento y demás, sino encima asesino. ¿Cómo no va a rebelarse la gente, usando su libertad de expresión (mientras la haya)?

Todo esto empezó de un propósito loable, como es el de luchar contra las desigualdades de la mujer en la sociedad, que existen, y todos debemos luchar por hacerlas desaparecer. Pero estar de acuerdo con eso no significa que haya que tragar con cosas que no son verdad ni que son rechazadas por muchos, incluyendo gran número de representantes de la parte, digamos, perjudicada, en este caso las mujeres. Ni mucho menos debe uno tragar con que lo califiquen de algo que no es. Una respuesta en forma de etiqueta usada de forma burlona, o cabreada, o sibilina, o como quiera cada uno, es lo menos que puede ocurrir a quien se arroga semejantes aires.

Una muestra de esto, y una reflexión bastante mejor escrita, puede verse en el texto 'Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer', escrito por Ignacio Bosque, de la RAE. No solo es un texto escrito con gran elegancia, claridad y multitud de razonamientos y ejemplos que demuestran que el idioma español no es sexista cuando no desdobla el género, sino que además ha generado multitud de comentarios favorables por parte de muchas mujeres.

También ha generado ejemplos de otro rasgo más del feminazismo, que es el de despreciar las opiniones de otros grupos, como en este caso la RAE, porque esté formada por hombres en su mayoría. Claro. Y muchas asociaciones de ideología feminazi están formadas por más mujeres que hombres. Sin embargo ahí no ven ningún problema.

En suma: el idioma español no es machista ni opresor ni invisibiliza a las mujeres por usar el masculino como genérico. Contra quien use como axioma de sus razonamientos el que sí lo es, cabe simplemente negarle la mayor y decir que no lo es. Como se desprende del texto de Bosque, hay cosas mucho más importantes en las que fijarse y contra las que actuar para mejorar la situación de la mujer que un inexistente machismo inherente del lenguaje.

martes 6 de marzo de 2012

El triunfo romano

El triunfo romano
Mary Beard
2007 (Crítica, 2009)

Este libro contiene todo lo que el lector siempre quiso saber y nunca se atrevió a preguntar sobre lo que hacían los romanos tras ganar batallas importantes. El subtítulo lo deja bien claro: es 'una historia de Roma a través de la celebración de sus victorias'. Tiene todas las ventajas y los inconvenientes de las monografías de tema restringido: por un lado son concienzudas y exhaustivas, de forma que a quien realmente le interese el tema pueda escudriñar bien todos sus rincones, pero por otro lado la propia estrechez de sus límites autoimpuestos las hace menos interesantes para el público menos entusiasta o, como se dice ahora, friki. Además, el libro tiene 447 páginas de texto y otras casi 140 de notas, bibliografía e índice alfabético, así que mucha gente pensará que quizá no necesite en su vida 582 páginas sobre la organización y significado de los desfiles victoriosos de los romanos.

A pesar de todo, Mary Beard, catedrática de Clásicas en Cambridge, hace todo lo posible por extraer el máximo jugo de una fruta aparentemente sin mucho que exprimir. Una fruta que además en seguida se nos aclara que tiene aún menos jugo incluso del que puede parecer sin saber nada del tema, ya que lo primero que se nos dice es que la mayoría de las crónicas que nos han llegado fueron compuestas años más tarde, por gente que no vio las celebraciones en persona, y además a menudo con sesgos ideológicos en sus composiciones. Algunas de estas celebraciones, además, fueron falsas o inexistentes, mientras que en otras, por no decir en todas, se exageraron cifras de muertos, botines y merecimientos. En alguna se llegó incluso a disfrazar galos de germanos para intentar dar el pego, o se reciclaban trofeos de batallas anteriores. En época más tardía, además, a menudo se pedían triunfos por escaramuzas casi sin importancia o por arrasar a enemigos muy débiles, debido a la presión de seguir demostrando públicamente que Roma seguía reinando sobre los campos de batalla.

El trabajo de intentar deslindar la exactitud de las cifras y datos está ahí en el libro con todo lo que se puede investigar entre lectura crítica, deducción y suposición holmesiana, pero lo más interesante es cuando se pone a hablar del significado de la ceremonia en sí. Lo menos importante es si había un millón más o menos de monedas arrojadas desde las carrozas o si era verdad que había estatuas de tres metros de alto conquistadas a Mitrídates. ¿Por qué se hacía todo esto, y qué nos dice de la mentalidad romana? O incluso de mentalidades futuras, ya que a menudo, en tiempos medievales, modernos y hasta contemporáneos ha llegado la fama de los fabulosos desfiles romanos, con su esclavo tras el general victorioso repitiéndole continuamente "recuerda que eres mortal", sus trofeos y armamento capturado, sus cautivos sacrificados ritualmente o encerrados hasta morir de hambre y su demostración, en suma de que Roma seguía siendo la dueña del mundo en tierras que muchos no llegaban a ver en persona. Para todos aquellos que no podían ir hasta allí, la Galia, la Germania, Siria o Tracia eran llevadas hasta la propia Roma para asombro de ciudadanos y deseo de emulación general en el futuro.

También resulta interesante ver cómo lo que nos ha llegado puede ser no lo que de verdad ocurrió, sino los textos que lo recogieron, de la misma forma que una crónica de guerra decimonónica, un cantar de gesta medieval, una leyenda artúrica o incluso un resumen de un partido de fútbol en la prensa a veces han de sustituir a "la verdadera verdad". Algunos de los textos que más datos nos dan, de hecho, son testimonios indirectos, como comedias burlándose de su pompa y boato (imagínese que hay una hecatombe mundial y no sobreviven restos de ningún periódico, pero sí la colección completa de 'El jueves', por ejemplo), o los consejos de Ovidio sobre cómo ligar en un desfile (fingir que uno lo sabe todo sobre lo que se ve pasar), o incluso los ímprobos esfuerzos epistolares de Cicerón, el gran orador que quiso presionar para que el senado le concediera un triunfo por unas escaramuzas contra los partos y nunca llegó a conseguirlo. Acabamos sabiendo más de quien quiso y no pudo que de quien quiso, pudo, lo hizo y no había nadie para contarlo bien. Así es la Historia.

martes 28 de febrero de 2012

El trasfondo humano de la guerra

El trasfondo humano de la guerra
Michael Jones
Crítica, 2012

Este libro es la tercera parte de una serie iniciada con 'El sitio de Leningrado' y 'La retirada', en la que se cuentan las campañas bélicas en el frente soviético durante la II Guerra Mundial. El título original de este tercer volumen es 'Total war: From Stalingrad to Berlin', así que puede verse claramente la diferencia que se ha hecho con el título español, seguramente porque es cierto que el espacio ocupado por la descripción de las maniobras militares es menor que el dedicado a las observaciones de los soldados que participaron en ellas. El autor, Michael Jones, profesor y doctor en Historia, deja hablar a decenas de testigos directos a través de sus cartas y de transcripciones de entrevistas, para que sean ellos quienes nos muestren de primera mano lo que vieron y sintieron. Prácticamente no hay una sola página sin citas directas tanto de alemanes como de soviéticos.

Este libro en concreto va desde junio de 1942, con los nazis, en el culmen de sus victorias militares, tomando la fatídica decisión de invadir la Unión Soviética, hasta la caída definitiva del régimen de Adolf Hitler tres años más tarde, tras su suicidio el 30 de abril de 1945. En él se describen no solo las heroicidades de los soviéticos, sino también sus violentas atrocidades, cometidas en respuesta a la agresión nazi. Tras multitud de cercos y batallas en terreno ruso, bielorruso, ucraniano, estonio, letonio, lituano y polaco, los alemanes fueron rechazados de vuelta hacia el oeste, hasta que el Ejército Rojo entró en la mismísima Berlín. Por el camino, a medida que las tornas cambiaban y la "horda asiática" se iba adentrando en territorio retomado a los alemanes, los militares soviéticos iban descubriendo las brutales salvajadas cometidas por los nazis: robos, violaciones, destrucción de ciudades, quema de cosechas y alimentos que no podían llevarse, e incluso tácticas tan refinadas como dejar campos de concentración llenos de enfermos de tifus para que al llegar los liberadores soviéticos, éstos se contagiaran al ayudarlos. Esto llegó a su culmen con la liberación de los infames campos de Majdanek y sobre todo, Auschwitz, donde si el Ejército Rojo hubiera tardado una semana más en llegar probablemente no habrían encontrado casi ni rastro de lo que había pasado allí. Los crímenes allí ocurridos son bien conocidos, pero un par de detalles bastan para recordarlos y sugerir cosas peores: el comandante Vasily Petrenko dice que "en las chimeneas derruidas de los crematorios encontraron pegada a los muros una capa de grasa humana de 45 centímetros de grosor". "Cuando hubieron inventariado las ropas almacenadas en los depósitos, contabilizaron 348.820 trajes de hombre y 836.525 de mujer" (nótese la diferencia). Los zapatos eran millones, así que ni los contaron, y había paquetes de cabello humano con un peso conjunto de 7,8 toneladas.

Todos estos descubrimientos, junto a las muertes padecidas por los propios familiares de los soldados soviéticos, hicieron que parte del Ejército Rojo quisiese devolver todo ese sufrimiento cuando tocaba el momento de su victoria. La ira aumentó cuando al invadir Alemania y encontrarse una de las naciones más industrializadas, ricas y avanzadas del mundo, con casas cómodas y elegantes incluso entre gente modesta, muchos soldados de pobrísimas partes de la URSS, que jamás habían visto un grifo, por ejemplo, se indignaron pensando que qué necesidad tenía una nación con esa calidad de vida de invadir otra que ya había sufrido siglos con la dureza de su clima y gobernantes. Hubo ejemplos de admirable contención por parte de los soldados soviéticos, pero también muchos otros de violentas venganzas guardadas durante años. Algunas de las más descorazonadoras o reveladoras no son siquiera las más atroces, como por ejemplo el de un ruso que mató a una vaca alemana porque los alemanes, tres años antes, habían matado a la única que tenían en su familia, otro que se puso a destrozar tanques que podían servirles a los soviéticos "porque eran bestias alemanas", o como el del alemán comunista que había guardado celosamente su carné del partido a riesgo personal durante más de una década de nazismo, y cuando salió a recibir a los "liberadores" soviéticos lleno de alborozo, estos lo derribaron de un culatazo sin preguntar, lo patearon y lo mataron.

Sin embargo, quizá la historia más acongojante sea la que cierra el epílogo del libro, la de Alexei Kovalev, el hombre que colocó la bandera soviética sobre el Reichstag de Berlín en mayo del 45, imagen icónica de la guerra, y cuya identidad quedó silenciada porque era ucraniano y a alguien se le ocurrió que para darle coba a Stalin, que era georgiano, se diría públicamente que había sido otro soldado paisano suyo de dicha república quien lo había hecho. Cuando Jones fue a entrevistarlo para el libro con el ánimo de reivindicar la verdad, Kovalev le contó el precio que tuvo que pagar por estar a la vanguardia del avance soviético durante el último par de años, como explorador de reconocimiento. Es todo un puñetazo en el estómago.

martes 27 de diciembre de 2011

Rogornmendaciones musicales 2011

Como cada año, 50 canciones recomendadas de este año.

Lista de reproducción continua en YouTube:

http://www.youtube.com/playlist?list=PLEF2B0D2BBE16536F

martes 20 de diciembre de 2011

Guerra

Guerra
Sebastian Junger
Crítica, 2011

‘Guerra’ es un libro escrito por el periodista estadounidense Sebastian Junger, que escribe para la revista ‘Vanity Fair’. Es el relato de los quince meses que pasó “embedded” (“empotrado”, como se dice ahora) con tropas norteamericanas en Afganistán, entre 2007 y 2008. En concreto, estuvo en uno de los puestos más avanzados, aislados y expuestos al enemigo, en las montañas de Korengal, hecho de contrachapado y lona, sin agua corriente y con electricidad por generador de combustible, donde estaba garantizado el tirotear y ser tiroteado, el matar y, probablemente, ser muerto.

El libro, de unas 270 páginas, no analiza en absoluto las razones de la guerra o su evolución, ni tampoco toca gran cosa el conflicto desde el punto de vista afgano, excepto cuando algún detalle es importante para explicar la vida de los campamentos norteamericanos. Se concentra exclusivamente en los militares estadounidenses y en las experiencias vistas y vividas por el autor. Algunas de ellas, como ocurre en cada guerra, serían rechazadas por inverosímiles si ocurrieran en una novela o guion de cine. Por ejemplo, el hijo de un suboficial veterano muere en el primer tiroteo en el que participa, nada más llegar. Como se trata de un puesto avanzado, sin nada en absoluto que hacer excepto luchar, en periodos de tranquilidad los soldados, aburridos, se dedican a pelearse entre ellos como chavales en el cole. A veces llegan incluso a intentar provocar al enemigo para que haya tiros y tener algo que hacer. Una vez incluso se dedican a asustar a una vaca, y cuando ésta se enreda en una alambrada, la matan y pueden comer así su primera carne roja en un año. El incidente provoca la ira de los lugareños, hasta que un oficial americano tiene la idea de pagar el peso de la vaca en medicinas, comida y otros abalorios.

También resulta interesante la biografía de algunos soldados y las razones por las que se alistaron. Uno, negro, era camello en Reno (Nevada), y se alistó porque el ejército le parecía un lugar más seguro que las malas calles de los drogatas. Otro, que se peleaba físicamente con su padre a menudo, recibió un disparo de éste en el calor de una refriega, y el hijo se echó la culpa a sí mismo, diciendo que había sido en defensa propia para evitar la cárcel a su padre. Él se libró por ser menor. Muchos, de nuevo, estaban aburridos y sin horizontes. Las cuestiones morales no parecen interesarles en absoluto. Les mandan disparar y bombardear y disparan y bombardean. Al final, el único motivo para seguir haciéndolo, aparte del propio subidón de adrenalina, es el proteger en lo posible a sus compañeros. Da igual lo bien o mal que te lleves con ellos, cuando llega el momento supremo del combate, todos echan mano de su entrenamiento y de su propia capacidad de adaptación para actuar como equipo y tener más probabilidades de sobrevivir. Todos dicen que se tirarían encima de una granada para salvar a los demás. Los compañeros sustituyen a la familia como seres más queridos, y cada muerte de uno de ellos provoca reacciones de derrumbe psicológico más o menos temporal que el enemigo no causa por sí mismo.

El otro motivo de continuar en esto es para muchos la incapacidad de adaptarse a cualquier otro tipo de vida. No ya a la vida civil, en casa, con la parienta, los críos, el súper, etc, sino ni siquiera en la retaguardia, donde te sancionan por llevar la corbata torcida o unas botas que no deslumbren de limpias. Muchos de los soldados, de permiso en la base italiana de Vicenza, se meten en más líos que en el frente.

La situación sobre el terreno es un juego a tres bandas entre los militares estadounidenses, los talibanes que entran y salen entre Afganistán y Pakistán, y los civiles que quedan en medio, que a veces se inhiben y otras ayudan a uno u otro bando, y a veces a los dos. Los talibanes a veces pagan cinco dólares a chavales del lugar para que disparen rifles a la buena ventura, simplemente para tener a los soldados americanos a cubierto, ya que éstos no saben cuánta gente les dispara, o si es un francotirador experto o no. Por su parte, los americanos intentan convencer a los habitantes de las aldeas de que están allí para ayudarles, y que los talibanes nunca han hecho nada por ellos. Ganarse a alguno de ellos puede salvar vidas en forma de chivatazos sobre próximos movimientos enemigos.

Los turnos de servicio (“tours of duty”) son de 18 meses de duración, así que los puestos se acaban convirtiendo en una especie de sociedad aparte donde aparecen reglas más o menos peculiares. Está bien meterse con la madre o hermana de un soldado, pero jamás con la mujer o novia. Está bien dar tundas a los novatos o incluso a los oficiales, y el que no sepa aguantar una broma, que se vaya del pueblo. Hacen apuestas sobre quién palmará el siguiente, por jodidos que se queden cuando ocurra de verdad, y qué pondrían en su lápida. También se mencionan las costumbres masturbatorias de los soldados, e incluso algunos, entre peleas, agarrones y llaves de lucha libre, parecen al borde de intentar forzar sexualmente a alguno de sus compañeros, a falta de hembras. Uno de los soldados incluso tiene la teoría de que si no estarías dispuesto a hacer eso, es que no eres un macho de verdad.

A todo esto contribuye además el medio geográfico, unas montañas escarpadas y llenas de cuevas, huecos, refugios y abundante protección para emboscadas, donde los americanos ya entran sabiendo que han fracasado incontables imperios extranjeros a través de la historia. Hace calor asfixiante o frío extremo. Hay tarántulas, pulgas, lobos, pumas, monos y hasta “una especie de pájaro que pía exactamente igual que el proyectil de un lanzacohetes al acercarse, y los hombres no pueden evitar estremecerse cada vez que los oyen”. “El primer pelotón pasa treinta y ocho días sin poder ducharse o cambiarse de ropa, por lo que al final los uniformes están tan impregnados de sal que se aguantan de pie solos. El sudor de los hombres apesta a amoniaco porque hace tiempo que ya han quemado toda la grasa y ahora está acabando con sus músculos”. ¿Cómo aguantar la cordura en un lugar así?

Completan el libro algunas notas sobre guerras anteriores y estudios publicados sobre la situación de los militares en terreno hostil, que el autor intenta aplicar a lo que está viviendo. Su propia experiencia también aparece, como por ejemplo el dilema sobre si debe ayudar o no. ¿Debe ponerse ropa militar, debe no ya dispara, sino llevar siquiera un arma? ¿Debe acarrear munición para otros, o pasar un cargador nuevo a un soldado? ¿Cuándo empieza a comprometer su independencia periodística y comenzaría a convertirse en un combatiente más?

En algunos lugares la traducción parece poco natural, calcada del inglés original sin fijarse en cómo suena en español, pero en suma, es un libro que hace de lo micro una virtud, limitándose a contar lo que ve y alguna otra cosa que ayude a la comprensión general, que al no ser largo no tiene tiempo para decaer, y en el que si no entendemos muy bien por qué empezó o sigue todo esto desde el punto de vista político, sí lo comprendemos al menos desde el punto de vista de la fiel infantería, que es quien mata, muere, sufre y queda transformada por la experiencia.

Gracias a Endeavour por el regalo.

sábado 12 de noviembre de 2011

La Gran Armada

La Gran Armada
Colin Martin y Geoffrey Parker
Planeta, 2011

Colin Martin y Geoffrey Parker son dos historiadores que fueron compañeros en la Universidad de Saint Andrews, en Escocia, en los 70 y 80, y que en 1988 ya publicaron una primera edición de este libro coincidiendo con el cuarto centenario "de la gran contienda entre Felipe II de España e Isabel I de Inglaterra". Veintitrés años más tarde aparece esta nueva edición revisada y aumentada con nuevos documentos no utilizados por historiadores anteriormente, entre ellos dos diarios escritos por dos importantes protagonistas: el almirante general de la flota española Juan Martínez de Recalde, y el exiliado católico inglés William Stukeley, que nevegó con los españoles contra su patria de origen.

Como es costumbre en los libros del hispanista Geoffrey Parker, es muy detallado, muy entretenido de leer (se puede perdonar algún anglicismo demasiado calcado cometido por sus traductores), y con él se aprende mucho. De las 591 páginas, las últimas 150 son unos exhaustivos apéndices con los detalles de todos los barcos participantes en los enfrentamientos, diagramas de la artillería que usaron, notas, fuentes, cronología, bibliografía e índice onomástico.

Las restantes 445 páginas son un apasionante relato sobre cómo se llegó al punto en el que un antiguo rey consorte de Inglaterra, Felipe II, decidió invadir la isla treinta años más tarde, contra la hermanastra de su viuda, en 1588, por motivos sobre todo religiosos y económicos. El padre de Isabel, Enrique VIII, había roto con la iglesia católica, y su hija, nacida de un segundo matrimonio con Ana Bolena considerado pecaminoso por Roma, reafirmó la tendencia anglicana y ayudó a los rebeldes holandeses que luchaban contra Felipe, su legítimo señor por herencia directa. El principal daño que causaron los ingleses a España ocurrió por mar, hecho por corsarios como Fancis Drake, y varios incidentes y robos aumentaron la tensión hasta que Felipe decidió poner en pie lo que algunos llamaron su Gran Designio.

Para ello se preparó durante años una fabulosa armada de 130 barcos con el plan de enviarlos desde Lisboa y La Coruña hasta Flandes, para allí recoger a los temidos Tercios de Infantería y juntos desembarcar en el sur de Inglaterra y marchar sobre Londres. Fue uno de los momentos que pudo haber cambiado la historia del mundo occidental. Como sabemos, la Empresa de Inglaterra fracasó (lo del nombre de "Armada Invencible" jamás lo usaron los españoles, fue una especie de broma de un ministro inglés -a toro pasado- que encontró fortuna propagandística), pero estuvo extremadamente cerca de conseguirse. Tras atravesar el canal de la Mancha entre del cañoneo inglés con solamente un par de bajas, la Armada se vio obligada a detenerse precariamente en puerto, y allí, en la noche del 7 al 8 de agosto de 1588 los ingleses enviaron brulotes contra las naves españolas. Los brulotes eran, dicho de forma rápida, barcos-bomba: se carga un barco o barca con explosivos y material inflamable, se busca una forma de que explote en un momento determinado o al chocar con algo, se envían sin tripulación aprovechando la marea favorable y se espera a que causen su daño al enemigo. Este plan logró obligar a la Armada a salir de puerto en desorden y en medio de tiempo desfavorable para evitar arder en el ataque, y ya no pudo volver a puerto. Las tropas de los Tercios estaban a solo 40 kilómetros de distancia. La oportunidad se había perdido definitivamente.

Muchos autores han culpado del fracaso a los comandantes españoles, los duques de Medina Sidonia y Parma, por no hacer el mejor uso posible de los excepcionales medios que tuvieron a su cargo, pero Martin y Parker demuestran minuciosamente que ambos hicieron todo lo que pudieron. Medina Sidonia, en cuya contra se ha usado mucho la frase que él mismo escribió a Felipe II intentando rechazar el nombramiento para dirigir la Armada porque se mareaba en el mar, demostró ser un administrador capaz y eficaz, tras sus años de experiencia organizando la llegada de las esenciales flotas de metales preciosos de América. Por su parte, Alejandro Farnesio, duque de Parma, pariente del rey, tenía encargado el difícil cometido de tener preparados a unos 18.000 soldados de infantería acantonados en territorio acosado por el enemigo holandés, esperando durante un año por una flota cuya fecha segura de llegada no supo hasta que casi había pasado de largo.

Los autores, pues, colocan acertadamente una de las principales causas del fracaso en la dificultad de las comunicaciones en aquellos tiempos. Las cartas tardaban días o semanas en llegar si todo iba bien, y aquí estábamos intentando colar mensajes a través de un embudo defendido por enemigos ingleses y holandeses. Medina Sidonia enviaba a sus barcos más rápidos por delante con mensajes continuos, pero ninguno llegó a tiempo.

Otra causa importante del desastre fue la naturaleza de los barcos y de su armamento. Los barcos españoles eran más pesados, más lentos (muchos eran buques mercantes hechos para el Mediterráneo, reconvertidos a toda prisa), e iban llenos de tropas de tierra que habrían despedazado a cualquier nave enemiga a la que hubieran conseguido abordar, pero los ingleses no les permitieron acercarse tanto casi nunca, y su frecuencia de disparo era mucho mayor que la española. Además, en el canal jugaban en casa, con sus puertos cerca de los que obtener más suministros en cuestión de horas. Algo interesante que se aprende en el libro es la importancia de las cureñas de los cañones: las españolas eran de dos ruedas, típicas de cañones de tierra y asedio, buenas para llevar los cañones camino de Londres y allí disparar en posición fija, pero muy difíciles de manejar a bordo. Las cureñas inglesas eran de cuatro ruedas, más manejables y que permitían recargar las armas más a menudo. Quién iba a decir que una cuestión "de neumáticos", por así decir, iba a ser tan decisiva.

Tras el ataque con los brulotes, los barcos españoles, con las provisiones agotándose y los ingleses cerrando el canal detrás de ellos, decidieron volver a España dando la vuelta por Escocia e Irlanda. Eligieron probablemente el peor año en siglos para hacerlo, ya que el número y la violencia de las tormentas que se encontraron e incluso el frío que hizo en las costas británicas los días siguientes fueron extremadamente inusuales. Cada barco sufrió a partir de aquí su propia odisea, y las suertes que corrieron cada uno de los buques y sus tripulantes son una de las cosas más asombrosas de leer en cualquier libro sobre la Armada: desde los que acabaron en las costas de Noruega, hasta los que fueron masacrados por irlandeses según iban estrellándose contra los acantilados, pasando por los que fueron hechos prisioneros, conducidos a Inglaterra, se amotinaron, regresaron con el barco a España y colgaron a los ingleses que los llevaban presos. Hay peripecias increíbles en esta sección que ningún novelista ni guionista podría igualar.

Todo esto y mucho más hay en este libro apasionante, como por ejemplo el complicado juego de ajedrez a varias bandas que se jugó antes incluso de embarcarse la flota, ya que no olvidemos que se salió de Portugal y España, se pasó por costas francesas, irlandesas, inglesas y flamencas, y hasta italianos, daneses y alemanes tenían intereses puestos en juego.

¿Fue todo una locura iniciada por un rey excesivamente fervoroso? Puede ser, pero sería demasiado simplista verlo de esta manera, porque no es así como se jugaba entonces. Como dice la conclusión, "a pesar de todas sus deficiencias, si en la segunda semana de agosto de 1588 el duque de Parma y sus tropas de veteranos hubieran iniciado la marcha sobre Londres, cualquiera que hubiera sido el resultado final, todos hoy en día considerían la Empresa de Inglaterra la obra maestra de Felipe II".

jueves 27 de octubre de 2011

El puente de los Asesinos

El puente de los Asesinos
Arturo Pérez-Reverte
Alfaguara, 2011

Incluso la gente que no es particularmente aficionada a la saga de ‘Las aventuras del capitán Alatriste’ conoce lo suficiente sobre ella: es una serie de relatos escritos por el novelista, académico de la Lengua y ex reportero Arturo Pérez-Reverte, que comenzó a ser publicada en 1996, con la idea de recuperar la memoria de lo que fue la España del siglo de Oro. A través de las aventuras de Diego Alatriste, espadachín y soldado de los tercios de infantería, y de su paje Íñigo Balboa, cada uno de los seis volúmenes publicados hasta ahora se ocupa de un tema más concreto dentro del marco general de la España del XVII: Madrid como villa y corte de un imperio global, la Inquisición, las guerras en Flandes, la importancia del oro de América, los bajos fondos de Sevilla, los grandes literatos y dramaturgos que dieron nombre al siglo de Oro, y la casi olvidada situación del Mediterráneo han sido los asuntos desarrollados hasta ahora. Ahora en la recién publicada séptima entrega, ‘El puente de los Asesinos’ el tema central son las intrigas políticas provenientes de Italia, que en aquel tiempo era un mosaico de estados separados y ciudades comerciales situado en el centro del Mediterráneo, y por tanto estratégico centro de conspiraciones internacionales.

Vale pues. Pero lo que los aficionados quieren saber es si el nuevo Alatriste está bien. Y sí. Está bien. Es un Alatriste de pata negra.

Hasta ahora, los seis primeros Alatristes pueden dividirse en Alatristes españoles y extranjeros, o de misiones y de guerra. Los del primer grupo, españoles y de misiones, serían cuatro (‘El capitán Alatriste’, ‘Limpieza de sangre’, ‘El oro del rey’ y ‘El caballero del jubón amarillo’), que se desarrollan en Madrid y Sevilla (y sus alrededores), y en los que el foco de la narración está sobre una misión que cumplir o un peligro que evitar: la visita de los dos ingleses, unas investigaciones inquisitoriales, una urca flamenca llena de oro o una conspiración contra el rey. Los otros dos libros se desarrollan en Flandes y por las costas mediterráneas, y en ellas la principal misión es mantenerse vivo, que no es poco, y atacar a y defenderse de enemigos.

El séptimo volumen es una mezcla de los dos tipos, lo cual quizá reconcilie a partidarios que prefieran uno sobre el otro. Mientras que seguimos fuera de la península Ibérica, en varias ciudades italianas, el asunto principal es una misión que cumplir: en concreto, intentar asesinar al dogo (o dux) de Venecia durante la misa de Nochebuena de 1627.

Para quienes estén esperando el regreso de los Alquézar, sobre todo Angélica, pieza importante en una de las tramas favoritas de la saga, aún sin resolver, hay que decir que no van a estar presentes, y habrá que esperar a una nueva entrega. Sí que están, en cambio, Sebastián Copons y Aixa ben Gurriat, dos de los fieles compañeros de armas de Alatriste, y sobre todo está de vuelta Gualterio Malatesta, el espadachín de Palermo, que ha logrado encontrar la forma de ser liberado de su prisión en Madrid para intervenir en la conspiración veneciana. Su renovada relación con Alatriste, hecha de circunstancias difíciles, reglas retorcidas y cuentas por saldar (a veces aliados y a veces enemigos, quizá caras de una misma moneda, quizá monedas distintas), es, aparte de la propia conspiración, uno de los puntos centrales de la novela. A Malatesta se lo compara frecuentemente con una serpiente, y cada vez que aparece en escena, tanto los personajes como el lector se ponen en guardia, sin osar perderle de vista hasta el mismísimo final.

El otro paso adelante de importancia que da la trama general del libro es el que da Íñigo hacia su futuro de héroe cansado. Sin haber cumplido los 18 aún, y tras haber vivido ya más azares que mucha gente en toda su vida, se encuentra alojado junto a Alatriste en una mancebía de Venecia junto a dos memorables personajes femeninos (la dueña y ex cortesana Livia Tagliapiera y la criada Luzietta). Y allí volverá a ocurrirle algo que le hará perder uno de los pocos trozos de inocencia que le van quedando ya. Además, ahora Íñigo llega a la edad en la que puede empezar a comprender mejor por qué Alatriste es como es, incluyendo un incidente que nos recuerda que el aviso con que comienza la saga, aquello de que no es el hombre más honesto ni el más piadoso, no está escrito en vano. Y es también cuando Íñigo comienza a sufrir cuando se distancian, y a emocionarse como un adulto cuando el capitán, a quien ya llama “mi antiguo amo”, muestra un mínimo de afecto o preocupación por él.

Así pues, a Diego Alatriste, entre Malatesta, Íñigo y la mancebía ya le pasan bastantes cosas en el terreno emocional como para encima andar matando dogos. Porque a todo esto, ¿la conspiración, qué? Pues la conspiración en sí es un nuevo ejemplo de misión minuciosamente preparada y descrita en exhaustivo detalle, marca de la casa, donde hasta cuando un cabo se desata, queda bien claro qué ha pasado y qué hay que hacer para volver a amarrarlo. La naturaleza de este libro, donde es necesario poner en situación al lector sobre el status político del momento, obliga a no pocos párrafos y diálogos explicativos, sobre todo al principio, pero una vez que se inicia el viaje desde Nápoles, la trama coge vuelo, y los pasos por la Roma monumental, la Milán amurallada y militar y la Venecia estrecha y traicionera están descritos de modo muy vívido y memorable. También marca de la casa son las escaramuzas donde se puede seguir cada finta, golpe y pensamiento fugaz, y es que “hay días en que sólo apetece escribir estocadas”, como dijo Pérez-Reverte en Twitter, donde ha ido adelantando cosas sobre la novela según la ha ido escribiendo. Al final, obviamente no va a salir todo como está previsto (eso es parte del género), pero la tensión se mantiene hasta el desenlace, precisamente porque el plan va mal cuando peor viene que vaya mal.

Tampoco falta otro de los elementos que siempre está presente en cada libro de la saga: los monólogos reflexivos de Íñigo como narrador interno. Viendo la magnificencia romana, escribe: “Me pregunté con envidia qué iba a quedar de nosotros, los españoles, con el oro y la plata de las Indias yéndose en guerras exteriores, en toros y cañas, en festejos y cacerías de reyes y nobles. Con nuestro vasto imperio disuelto en orgullo, latrocinio y miseria.” Al paso por Milán, tras ver a un viejo conocido que morirá pronto, nos dice: “Nosotros no éramos filósofos, sino hombres moviéndose por el territorio incierto y hostil de la vida (…) pues cual españoles que éramos, propios de nuestra áspera condición y nuestro siglo, el único día que podía considerarse fácil y sin inquietud era el que dejábamos atrás por ya vivido.” Y por fin, en una Venecia ladina y traicionera, pero también ocupada e industriosa, hace una observación válida cuatro siglos más tarde: “Ya habríamos querido los españoles, amos del mundo como éramos, contar entre las nuestras con una ciudad (…) donde la principal virtud ciudadana, vicios aparte, era el trabajo. Mientras que nuestro esfuerzo y el oro de los galeones se iban en quimeras que nada tenían que ver con el comercio y la prosperidad (…), nada define mejor la España de mi siglo, y la de todos, que la imagen del hidalgo pobre y miserable, muerto de hambre, que no trabaja porque es rebaje de su condición; y aunque ayuna a diario sale a la calle con espada, dándose aires.”

También están presentes los lugares comunes que uno reconoce de un libro a otro. Los ojos glaucos de Alatriste siguen siendo comparados a agua clara de los canales, el frío sigue siendo luterano, y hasta hay un nuevo personaje con “mal” en el apellido, tras Malatesta, Malacalza y Urdemalas.

Por último, hay que decir que la pregunta que suele hacerse en sagas, que si el nuevo libro puede leerse fuera de secuencia, o incluso empezar con él la lectura de la serie, yo recomendaría firmemente que no, ya que esta entrega recuerda mucho cosas que han pasado en volúmenes anteriores. O sea, que está llena de spoilers. En esto se nota que esta saga llega ya a su séptimo libro en quince años, y que por lo tanto, acumula ya muchas escenas memorables y recuerdos emocionantes que es lógico que sus personajes rememoren en sus conversaciones y en sus cicatrices, lo mismo que harían dos lectores que comparen sus experiencias alatristescas. Al fin y al cabo, estas aventuras nacieron en gran parte para conservar y recuperar la memoria de aquellos tiempos.

domingo 21 de agosto de 2011

Felipe II, la biografía definitiva

Felipe II, la biografía definitiva
Geoffrey Parker
Planeta, 2010

“Ciertamente hoy sabemos más sobre la vida pública y privada de Felipe II que sobre cualquier otro europeo de la Edad Moderna”, dice el prólogo. Es verdad. La cantidad de retratos suyos que existen, así como de documentos escritos por él o sobre él hacen que prácticamente lo único que nos falte sean grabaciones en audio y vídeo para conocerlo un poco más de cerca. El problema es precisamente la gran cantidad de información que nos ha llegado. “En una ocasión, el rey aseguró haber firmado más de cuatrocientas cartas en una sola mañana, y un embajador bien informado indicó que algunos días pasaban por el escritorio real hasta dos mil documentos. Nadie (…) tendrá jamás tiempo de leer todos los documentos relevantes que existen sobre el largo medio siglo durante el cual Felipe ejerció el poder ejecutivo.” Felipe era tan aficionado a escribir que prefería a veces comunicarse por escrito que de palabra incluso con gente a quien veía a diario, lo cual es una mina para el historiador, pero claro, en toda mina hacen falta mineros.

Dicho de forma rápida, este libro de 1383 páginas (las últimas 300 son citas, fuentes y bibliografía) es como si los de Wikileaks hubieran hackeado las cuentas de correo de Felipe II y hubieran sacado a la luz multitud de papeles públicos y privados, y ahora la labor pendiente para quien se atreva con ellos es entresacar lo que verdaderamente importe. Obviamente, muchos de estos documentos llevan más de cuatro siglos a disposición de quien los halle, y no faltan excelentes libros sobre Felipe II, pero Geoffrey Parker, el hispanista inglés de 67 años, ha usado nuevas colecciones de cartas y notas manuscritas para componer lo que sus editores han subtitulado con poca modestia ‘La biografía definitiva’, la “que a Felipe II no le hubiera gustado leer”.

La decisión de Parker de dejar a Felipe “hablar” con sus propias palabras durante todo el volumen hace que apenas haya un párrafo sin alguna cita sacada de uno de esos miles y miles de documentos, lo cual nos acerca sobremanera al sujeto de esta biografía. Notamos, por ejemplo, su excesiva verbosidad, repitiendo la misma idea varias veces en la misma carta. También, su costumbre de cambiar de asuntos públicos a privados en el mismo documento, o de dedicar un par de párrafos de decir cuán cansado estaba con tanto escribir, o de preocuparse por dónde debían instalarse los excusados en San Lorenzo de El Escorial en medio de guerras en Flandes y contra Francia e Inglaterra. De igual forma lo vemos mostrar su afición a mandar hacer cosas sin que parezca que las manda públicamente, e incluso ordenar “disimulación” y secreto constantemente. Asimismo, por haber viajado por toda Europa occidental en su juventud, tendía a pensar que sabía de todo sobre casi todo, y se permitía dar consejos desde Madrid a sus hombres sobre el terreno, mezclando a veces sus reales órdenes con licencia “para actuar como viéredes” que provocaba unas confusiones que, debido al tiempo que tardaban los correos, no podían resolverse rápidamente.

El resultado es una obra muy precisa, pero no necesariamente ligera de leer. Desde luego, quien busque algo tan fácil de leer como una novela histórica, solo que sin la parte de novela, quizá note que le cuesta tanto progresar en este libro como a Felipe escribir sus ríos de tinta. Pero quien acepte la idea de saber lo que pasó de la propia pluma de los protagonistas, podrá casi notar cómo se urdió el asesinato del secretario Juan de Escobedo, o qué reacción produjo la muerte del príncipe don Carlos, o la creciente desesperación de todos en torno a la princesa de Éboli. Oímos a Felipe tomar el trono de Portugal, debatir sobre la Armada Invencible, sufrir costosas victorias y derrotas en Flandes, intentar mantener Francia católica a base de derrochar dinero en ella, mezclar respeto con amenazas a la hora de tratar con un Papa tras otro, e incluso lo vemos reaccionar sin piedad a una especie de 15-M en Madrid y Ávila cuyo cabecilla fue decapitado y varios de cuyos promotores fueron condenados a 200 azotes y/o a galeras, porque “donde están enseñados a llevar el dezir al hacer, no se ha de aguardar a que hagan”.

Al final de todo, ¿fue Felipe II un gran rey, o no, y cómo de grande fue? ¿Tuvo más aciertos o desaciertos? ¿Su preocupación por la religión y la reputación fue motor impulsor o lastre decisivo? Todo esto y más, en un libro que recompensa el tiempo que se le dedica.

lunes 18 de julio de 2011

A dance with dragons

...y al fin, el 12 de julio de 2011, seis años después de la anterior entrega, se publicó el esperado quinto libro de la saga 'Canción de hielo y fuego'. 'A dance with dragons' (aún sin título en español, aunque espero que sea 'Danza de dragones'). Novecientas cincuenta y nueve páginas, y casi sesenta más con las ya famosas listas de nombres de personajes.

La noticia principal es que todo sigue como hasta ahora. Es decir, el estilo del libro es exactamente el mismo que el de sus antecesores. La saga entera está concebida como una historia única, y por lo tanto, analizar este libro aisladamente sería como analizar el quinto capítulo de una novela, el quinto episodio de una serie, o un el quinto cuarto de hora de una película. Puede hacerse, pero lo que cuenta es el contexto general. No es un libro que se pueda leer sin haber leído antes los anteriores, aunque para quien lo haga, no deja de haber recapitulaciones en forma de recuerdos. Quien haya leído alguno de los volúmenes anteriores ya sabe cómo escribe Martin y encontrará lo mismo en esta nueva entrega: seguimos con los capítulos contados desde el punto de vista de un personaje cada vez (dieciséis diferentes), seguimos con los minuciosos detalles y descripciones de todo lo que piensa el personaje central en esos momentos y lo que ve a su alrededor (en especial las comidas), seguimos con los continuos recuerdos y recapitulaciones en pluscuamperfecto de indicativo (o como se llame ahora), y seguimos con unos personajes a los que se trata sin piedad, sufriendo heridas, golpes, enfermedades y torturas que les dejan secuelas de por vida, tantas a veces como las propias resoluciones que toman. De hecho, seguramente el capítulo que resultará más comentado de todo el libro, uno de los últimos, es fruto de una importante decisión, y las consecuencias que provocará, no solo al personaje que la toma, sino al resto de la historia en general, son absolutamente imposibles de predecir. Eso es también algo con lo que seguimos: en esta saga solo se puede esperar lo inesperado. Entre otras cosas, hay importantes novedades en torno al eterno problema de cuál debe ser el culo que se siente legítimamente en el Trono de Hierro. Novedades, digo, no necesariamente soluciones.

Por otra parte, para todos los que se quejaron de que la cuarta entrega, 'Festín de cuervos', metía demasiados lugares y personajes nuevos, que sepan que si no querían caldo, les van a servir 77 tazas, como en la boda de Joffrey. Muchos de ellos vienen de la mano del hilo concerniente a Daenerys Targaryen, a quien habíamos dejado intentando controlar una ciudad del lejano y extraño oriente llamada Meereen, y la noticia de que tiene consigo a tres dragones la convierte en un imán que atrae a varios aventureros, guerreros y pretendientes (a su mano y a diversos tronos) cuyos planes se van a ir entrelazando. Si hasta ahora se solía describir a la saga entera como "una historia que tiene lugar en un continente imaginario llamado Poniente (Westeros)", eso va a haber que revisarlo, porque el continente oriental, a solamente unos días de navegación al otro lado de un océano relativamente estrecho, adquiere una gran importancia en este volumen. Eso supone nuevas tierras, nuevas ciudades, nuevos personajes y nuevas oportunidades para hacer y deshacer complots y alianzas. Ahora mismo la complejidad de la historia es tal que es como jugar dos partidas de ajedrez al mismo tiempo, con las complicaciones de que algunas fichas pasaran de un tablero a otro, otras fueran reyes o reinas disfrazadas de peones, y otras se cambiaran de bando en el momento que más les convenga. Y que además, cuanto más se alargara la partida, más piezas aparecieran. Demencial. Y extraordinariamente absorbente si uno se mete en el juego.

La mencionada trama oriental se hizo tan enrevesada que el propio Martin se refirió a ella como "el nudo meereenés", y tuvo que reescribir material para ella tantas veces que probablemente sea la razón principal de que 'A dance with dragons' en sus dos terceras partes corra paralelo a 'Festín de cuervos' en lugar de continuarlo. Como explicó el propio Martin, cuando el cuarto libro se empezó a complicar, decidió usarlo para contar "toda la historia de la mitad de los personajes en lugar de la mitad de la historia de todos los personajes". Así que 'Festín' se concentró en seguir los acontecimientos que ocurrieron en Desembarco del Rey (King's Landing), en el principado sureño de Dorne y en las Islas de Hierro (the Iron Islands), así como las aventuras de Arya y Brienne. Seis años después, las primeras 600 páginas del nuevo libro nos cuentan lo que al mismo tiempo estaba pasando en el mencionado continente oriental y en el Muro. Por fin, en el último tercio 'A dance with dragons', los dos ríos vuelven a unirse y a fluir juntos cronológicamente hacia ese invierno que se lleva prometiendo (o con el que se lleva amenazando) desde la primera entrega.

-The queen has offered a lordship to the man who brings her your head.
-Make her spread her legs for you as well. The best part of me for the best part of her, that's a fair trade.

Ah, Tyrion. Se te echaba de menos...

lunes 23 de mayo de 2011

Sobre el voto, el partido pequeño y el 15-M

Una de las formas de intentar analizar la posible influencia del movimiento 15-M en las elecciones del 22-M es comparar los resultados finales de éstas con los sondeos hechos antes del comienzo de las acampadas.

El fenómeno del 15-M, dentro de unas raíces comunes (como la indignación ante problemas como la crisis, la falta de empleo, la precariedad, los malos salarios y los escándalos de corrupción) ha sido desde el principio un magma bastante heterogéneo en varios temas, y el principal de ellos ha sido quizá qué hacer con el voto en estas elecciones locales. Uno de los grupos originarios del movimiento se llamaba "No les votes", y no es fácil saber cuánta gente pensaba si eso se refería a todos los partidos, a los llamados grandes, o a cuántos partidos podemos llamar grandes. Luego el propio 15-M no quiso pronunciarse por ningún partido, ni siquiera por apoyar una llamada a ejercer el voto. Sí hubo mucho interés en informar sobre las diferencias entre abstención, voto en blanco y voto nulo, pero no se dio ninguna indicación sobre a quién votar o siquiera si votar. También se habló mucho acerca de castigar a los partidos grandes y especialmente sobre interpretar el bipartidismo como algo intrínsecamente malo, que de eso habría mucho que hablar.

Veamos los resultados en las autonómicas de ayer, indicando el resultado de 2007, el del sondeo del CIS para 2011 y el del 22-M.

Aragón
2007: PSOE 30, PP 23, PAR 9, CHA 4 IU 1
So11: PSOE 27, PP 26, PAR 7, CHA 4, IU 1
2011: PP 30, PSOE 22, PAR 7, CHA 4, IU 4

El PP se suponía que subiría de 23 escaños a 26, y ha llegado a 30. El PSOE debería haber bajado de 30 a 27 y ha quedado en 22. IU debería haber mantenido su 1, y ha subido a 4. Es decir, han ganado los dos extremos: el partido más grande, el PP (y el más contrario a priori a las propuestas que se van oyendo en el 15-M), y el famoso partido pequeño, representado en IU.

Asturias
2007: PSOE 21, PP 20, IU 4
So11: PSOE 19, PP 16, FA 7, IU 3
2011: FA 16, PSOE 15, PP 10, IU 4

La llegada del FA, el partido de Francisco Álvarez-Cascos, escindido del PP, hace las comparaciones difíciles. Sobre todo por saber si se le aplica el principio del partido pequeño. Por un lado, ¿qué partido más pequeño hay que uno fundado este mismo año?, y por otro Álvarez-Cascos no es un don nadie, sino un antiguo vicepresidente del gobierno y ex presidente de Asturias. Lo que está claro es que ha superado todas las expectativas. Sólo el día antes se estaba hablando de si el PP hablaría con el FA si éstos quedaban terceros, y han quedado primeros a pesar de tener 126 votos menos que el PSOE. Sólo 126 entre más de 600.000 votos depositados. Quizá ahora alguno de los 24.000 asturianos que votaron nulo o en blanco o de los 300.000 que se abstuvieron se arrepientan del uso que han dado a su derecho.

Baleares
2007: PP 29, PSOE 22, PSM-IV 5, UM 3
So11: PP 33-32, PSOE 23-22, PSM-IV 3, IU 1
2011: PP 35, PSOE 14 PSM-IV 4, PSOE-PACTE 4, PSM-EN 1, GXF-PSOE 1

Hasta cinco formaciones diferentes llevan un PS (partido socialista) en sus siglas, lo cual ilustra uno de los riesgos del tema de los partidos pequeños: si se hacen a base de escisiones del mismo lado, la ventaja es para el otro. El PP pasa de 29 a 35 escaños, consiguiendo una mayoría absoluta que antes no tenía, a pesar de recientes escándalos de corrupción.

Canarias
2007: PSOE 26, PP 15, CC 19
So11: PSOE 23, PP 16-17, CC 19-20, NC 0-2
2011: PP 21, CC 21, PSOE 15, NC 3

También aquí suben los extremos del PP por un lado y los partidos pequeños por otro, si como tal entendemos al novato NC.

Cantabria
2007: PP 17, PRC 12, PSOE 10
So11: PP 18, PRC 13, PSOE 8
2011: PP 20, PRC 12, PSOE 7

Si por "el pequeño", o simplemente "el que no es ni PP ni PSOE", entendemos un PRC que ya era la segunda fuerza, pues se ha quedado como estaba, cuando el sondeo preveía una ligera mejoría que hubiera sido suficiente para evitar una mayoría absoluta del PP. Al igual que en Asturias, los 13.200 que votaron nulo o en blanco podrían haber cambiado el resultado de la balanza.

Castilla-La Mancha
2007: PSOE 26, PP 21
So11: PP 25, PSOE 24
2011: PP 25, PSOE 24

Única comunidad donde se cumplió el pronóstico del sondeo, quizá porque es más fácil hacer quinielas con sólo dos contendientes. De nuevo, una mayoría popular por sólo un escaño, y de nuevo un paquete de votos nulos y en blanco (36.000, casi un 3%) que podría haber cambiado el resultado, aunque en este caso ese cambio se habría conseguido más fácilmente si esos votos hubieran sido para IU, que se quedó a un 1,13% de sacar escaño.

Castilla y León
2007: PP 48, PSOE 33, UPL 2
So11: PP 50, PSOE 32, IU 1, UPL 1
2011: PP 53, PSOE 29, IU 1, UPL 1

Otra vez el PP sube más de lo previsto, ampliando una mayoría absoluta que ya tenía, y el PSOE baja más de lo previsto. Los pequeños se quedan como estaban, aunque a base de que los leoneses de UPL pierdan uno de sus dos a manos de IU.

Comunidad Valenciana
2007: PP 54, PSOE 38, IU 7
So11: PP 60, PSOE 33, IU 6
2011: PP 55, PSOE 33, CC 6, IU 5

Caso interesante de partido nuevo que ayuda al PP a quitar votos a la izquierda (PSOE baja 5, IU baja 2), pero a la vez evita una subida mayor del PP (que sólo sube 1). Y otro caso de partido premiado a pesar de (o quizá a causa de, quién sabe), escándalos de corrupción.

Extremadura
2007: PSOE 38, PP 27
So11: PP 32, PSOE 31, IU 2
2011: PP 32, PSOE 30, IU 3

Muy cerca de cumplirse el pronóstico, y aquí, para variar, el partido pequeño, IU, consiguió lo suficiente para evitar una mayoría absoluta del PP y dársela a sí mismos y al PSOE si se coaligan.

Madrid
2007: PP 67, PSOE 42, IU 11
So11: PP 75, PSOE 41, IU 13
2011: PP 72, PSOE 36, IU 13, UpyD 8

En Madrid hay que tener en cuenta que se subía de 120 a 129 escaños, debido al aumento de población. No sé si eso ha facilitado el éxito de UPyD, pero es quizá la mayor muestra de éxito de un partido pequeño, aunque de nuevo viene acompañada de un aumento de escaños para el PP, que refuerza su mayoría absoluta, y una disminución para el PSOE. En el lugar donde empezó el 15-M, los votos nulos y en blanco superan el 4%, más de 200.000.

Murcia
2007: PP 29, PSOE 15, IU 1
So11: PP 31, PSOE 13, IU 1
2011: PP 33, PSOE 11, IU 1

Rioja
2007: PP 17, PSOE 14, PR 2
So11: PP 19, PSOE 12, PR 2
2011: PP 20, PSOE 11, PR 2

Dos casos de mayor éxito del esperado para el PP, reforzando mayorías absolutas que ya tenía, y mayor descenso del esperado para el PSOE, con dos pequeños de presencia testimonial.

Navarra
2007: UPN-PP 22, Na-Bai 12, PSOE 12, IU 2, CDN 2
So11: UPN 16, Na-Bai 11, PSOE 11, PP 6, IU 4, Bildu 2
2011: UPN 19, PSOE 9, Na-Bai 8, Bildu 7, PP 4, IU 3

Navarra es un caso especial, pero ilustrativo. De nuevo hasta seis partidos diferentes consiguen representación, y demuestra otro riesgo, prácticamente nunca comentado, del tema de los partidos pequeños: la gran dificultad a la hora de ponerse de acuerdo y gobernar. La vuelta de Bildu también dificulta analizar la situación. Puede ser uno de los casos más interesantes de seguir, ya que todos estos partidos no son necesariamente escisiones unos de otros al estilo Álvarez-Cascos, sino bloques a varias bandas: populares, socialistas, navarros pro-vasquitas y no, etc.

Conclusiones:

Es difícil saber qué decisión tomó cada simpatizante del 15-M respecto al tema del voto, pero lo que sí es cierto es que según se dice, ha habido más votos nulos y en blanco que nunca, llegando a casi el millón. También es difícil saber si esto ha sido por el 15-M o es algo que la gente ya tenía decidido antes como método de castigo. Porque, dicho sea de paso, eso de usar el voto en blanco como método de castigo tampoco está claro. Quien vote en blanco pude hacerlo porque no se considere suficientemente informado, porque le dé igual y delegue en los demás votantes, por pereza, por demostrar apoyo a la democracia en general en ausencia de opinión formada, o por varias otras razones. O sea, puede ser el equivalente del que cuando quedas con la pandi y se pregunta adónde vamos a tomar el vino, responde que "donde digáis vosotros". No tiene por qué significar un castigo a todos los partidos que se presentan, pero probablemente se interprete así.

Lo que está claro es que un millón de votos son muchos votos. Sólo tres partidos tienen más de esa cifra de sufragios, lo cual convierte al VN-VeB en la cuarta fuerza política española, y por lo tanto, los demás partidos se querrán acercar a esta fuente a ver si pescan apoyos en ella. La victoria del PP ha sido clara, pero en varios sitios han sido victorias por la mínima o incluso, como en Asturias, por penalties, si consideramos que la victoria de Ávarez-Cascos es para el PP sólo por aproximación y por un puñado de votos del tamaño de la gente que hay en un bar. Hay varios lugares en los que alguna décima más de participación o la conversión de votos nulos y en blanco en votos válidos podría haber cambiado el resultado. En Aragón el PP ha ganado, pero sin mayoría absoluta y habrá que esperar a ver los pactos entre cuatro partidos representados. En Cantabria y Castilla-La Mancha la mayoría absoluta del PP es de sólo un escaño, y en Extremadura se logró in extremis, nunca mejor dicho, evitarla por un solo escaño también. Por supuesto, hay regiones con claras mayorías corregidas y aumentadas, pero una de las lecciones que se pueden sacar es que hay sitios donde ese millón de votos nulos y en blanco puede cambiar las cosas, y que quien vuelva a usarlo de esta manera, volverá a decir que se conforma con lo que digan los que votan válido. Por no hablar de ese tercio de gente que ni siquiera votó, y a quien se aplica lo mismo. Dicho lo cual, me alegra ver que comparado con 2007, ahora ha votado más porcentaje de gente: del 63,2% se ha pasado al 66,2.

El tema del partido pequeño tiene varias vertientes también. Más partidos no siempre da lugar a más gobernabilidad. Es más, casi nunca. A cambio de representar más opiniones se ralentiza o a veces se encona e imposibilita la toma de decisiones, y también puede conducir a un intercambio de propuestas (yo te apruebo esto si tú me apruebas lo otro) donde el electorado ya no tiene nada que decir y todo depende de la capacidad de trapicheo de cada político. Sí pueden ser efectivos como forma de castigo al partido contrario o como señal de que la gente quiere un poco más de giro hacia un lado u otro, normalmente hacia la izquierda, que es el papel que ha venido representando IU desde hace ya décadas. Pero para lograr eso también hay que apoyarlos con votos válidos. En elecciones autonómicas como estas, está la opción también de un partido regional, pero eso ya depende de los temas locales, y los hay de todo tipo, signo y razón para existir. Los hay poderosos, diminutos y personalistas, que son los que más éxito tienen, como se ve en Asturias y Cantabria. Pero de nuevo, sólo serán signo de diversidad si se les vota. Está también UPyD, a quien sólo parece que se hace caso cuando la gente se harta del PP y el PSOE pero no quiere moverse del centro, lo cual hará que su voto varíe mucho de unas elecciones a otras, especialmente cuando sus votantes se frustren de no lograr nunca el poder y caigan en la tentación del llamado voto útil.

Opinando personalmente, quizá el momento más importante de la noche electoral se produjo cuando en las celebraciones de la calle Génova de Madrid, los militantes del PP se pusieron a gritar "Esto es democracia, y no lo de Sol". Ya se sospechaba que el simpatizante medio del PP lo que quería era un cambio no en la dirección del 15-M, sino en la dirección de que ganara su partido, pero ese canto es todo un grito de guerra y una declaración pública de separación definitiva. Si ese grito hará despertar a todo ese movimiento de aquí a las generales de 2012 y movilizará su voto, especialmente si es válido, es una de las incógnitas del los próximos diez meses. Más les vale, porque un aumento aún mayor del poder del PP, que llegue hasta permitirles hacerse con las llaves de la Moncloa, va a dificultar aún más el poder conseguir cualquiera de los puntos del manifiesto que al final decidan. De cualquier modo, esa declaración de guerra puede costarle cara al PP de cara a las generales, si sirve para que el movimiento vea que el número de lobos puede crecer si no reacciona. Quizá no se pueda contener un victoria popular, que ya las ha habido, pero igual sí evitar una mayoría absoluta.

Conclusión de la conclusión: vota, o los demás lo harán por ti. Porque luego mucho comparar Sol con la plaza Tahrir, pero allí desearían tener lo que aquí despreciamos, a pesar de que no hace mucho que lo tenemos.