martes, 18 de agosto de 2015

En el Gulag

En el Gulag
Luiza Iordache
RBA, 2014

La autora de este libro es la rumana Luiza Iordache Cârstea, nacida aún durante la dictadura de Nicolae Ceaușescu y ahora profesora de la Universidad Internacional de Cataluña. Como dice el subtítulo, trata sobre los "españoles republicanos en los campos de concentración de Stalin", y sigue las vidas de más de tres mil personas a quienes el final de la Guerra Civil Española en 1939 les pilló en territorio soviético. En concreto fueron 156 marinos a bordo de barcos que hacían trayectos entre la URSS y España trayendo material para ayudar al bando republicano en la guerra, 200 pilotos de aviación que habían ido a adiestrarse a la academia de Kirovabad (ciudad que en 1989 recuperó su nombre original de Ganja, en la actual Azerbaiyán), unos 200 exiliados políticos, y los famosos casi 3000 "niños de la guerra" junto a sus 130 maestros.

Cuando la guerra acabó con derrota republicana y victoria del bando franquista, la Unión Soviética impidió a todos ellos salir de allí, por razones puramente propangandísticas: ¿no se suponía que aquello era el paraíso comunista? ¿No eran todos aquellos españoles verdaderos luchadores contra el fascismo y la sociedad de clases que los había tenido en la miseria durante siglos? ¿Por qué querrían irse si habían tenido la suerte de hallarse en un lugar donde sus ideas habían triunfado? Sin embargo, casi ninguno quería quedarse, y aunque muchos no querían volver a una España franquista donde serían recibidos como traidores, sino que preferían emigrar a México, Francia o Argentina, eso tampoco se les permitió. Es más, a los que se mostraron más pedigüeños y activos en sus gestiones, llegando incluso a contactar con embajadas no españolas en Moscú, se los acabó fichando, y cuando la Alemania nazi invadió suelo soviético en 1941 se acabaron las contemplaciones y terminaron arrestados, apresados, interrogados, torturados y enviados a campos de trabajo forzado en pésimas condiciones. Los que fueron un poco más mansos o incluso convencidos por el sistema stalinista trabajaron en fábricas y llegaron a alistarse en el ejército soviético para luchar en la Segunda Guerra Mundial, o como lo llamaban en la URSS, la Gran Guerra Patria. Muy pocos de entre estos españoles consiguieron salir de la URSS durante los 40, algunos murieron en la guerra o los campos, y no fue hasta después de la muerte de Stalin, en 1953, cuando las relaciones hispano-soviéticas, aunque fuera a través de mediación de terceros, como la Cruz Roja, mejoraron un poco y la mayoría de ellos consiguieron poder volver. En gran parte, pasaron unos 20 años de media hasta que empezaron a lograr plaza en los buques 'Semiramis', 'Krym' o 'Serguei Ordzhonikidze', que los trajeron de vuelta.

El libro resume cómo fue la vida de varios de estos españoles, en la medida en que se conservan cartas y documentos, y cómo fue el laberinto burocrático que retrasaba continuamente las gestiones. Incluso trata un novelesco episodio en el que dos españoles intentaron huir de la URSS ocultos en baúles, que daría para una película, y no cómica precisamente. Lo más revelador, sin embargo, es el papel del Partido Comunista de España, incluyendo directamente a Santiago Carrillo y Dolores Ibárruri, que compartió la postura del PCUS de retener a los españoles en la URSS e incluso, tras el endurecimiento soviético a partir del 41, colaboró a la hora de tratar a los menos conformes como enemigos fascistas e incluso elaborar informes para denunciarlos y que acabaran presos. Cainitas hasta en el extranjero, es a veces la marca España. Un esqueleto más en el armario.

El libro está ordenado por temas en lugar de cronológicamente, lo cual puede hacerlo un poco difícil de seguir, debido a los continuos saltos hacia adelante y hacia atrás, y también a que se habla primero de cosas que no se detallan hasta más tarde, como por ejemplo el ominoso campo de Karagandá o varios viajes de repatriación en los 50 que no se especifica hasta después cuándo empezaron o cuántos fueron. Una vez leído entero, el puzle queda más claro, pero al principio puede costar un poco colocar todas las piezas. Especialmente útil resulta el primer apéndice, donde aparece una relación alfabética con con cientos de nombres y un resumen corto de lo que le ocurrió a cada uno, hasta donde se sabe. Por ejemplo, y por citar a alguno de los primeros nombres :

1. Alarcón Maturana, Joaquín (Almería, n. 15 de mayo de 1915, PSUC. Tornero en Vorochilovgrad y Alma-Ata. Fallecido el 11 de agosto de 1944 en Stary Sambor, Ucrania, en la Gran Guerra Patria).

4. Almor Chirivella, Salvador (Sueca, n. 15 de noviembre de 1915, internado en Karagandá, obrero en Crimea, repatriado en la 4ª expedición del 'Krym').

9. Aparici Velázquez, Rafael (Madrid, n. 19 de junio de 1917, PCE. Trabajó en Vorochilovgrad, Alma-Ata, voluntario en el Ejército Rojo, Instituto Energético de la Academia de Ciencias, doctor en ciencias técnicas. Falleció en diciembre de 1985).

Pero como siempre, lo mejor de este tipo de libros, aparte de agradecer al autor la sistematización de las informaciones, es oír de primera mano a los protagonistas. Cada trozo de carta o libro de memorias revela más que muchos análisis. Por ejemplo, estas palabras de Miguel Velasco Pérez en febrero de 1940, cuando 25 pilotos españoles fueron a pedir asilo a la embajada francesa en Moscú:

"La calle se había llenado de policías, de gente que esperaba ansiosa de ver en qué paraba todo aquello. Éramos, en aquellos instantes, la expectación de Moscú entero. Todos nos creíamos totalmente perdidos y que de allí iríamos sin duda a parar a la cárcel. Pero aguardamos. No tardó en presentarse el embajador francés. Venía sofocado, pero algo sonriente. Nos dijo:
-He hablado con Molotov. Él les suplica salir de aquí bajo su palabra de ministro, que nada ha de sucederles. Ha tomado sus asuntos en consideración y no les olvida.
Y viendo nosotros que aquella situación se había tornado un tanto ridícula, decidimos abandonar la embajada. Fuimos saliendo uno a uno. Nadie nos dijo una palabra. Ni la misma policía tan amenazadora movió los labios para dirigirnos una frase tan siquiera. Y cansados, deshechos y con solo nubes negras en nuestro horizonte, fuimos avanzando por aquellas calles moscovitas tan silenciosas y tristes, siendo el blanco de las miradas de todos: unas de lástima, de comprensión, de misericordia; otras de cólera, de rabia, llenas de ansias de aniquilarnos hasta morder el polvo de la derrota."